La travesía de Agustina García - Gatopardo

La travesía de Agustina García

La lucha de Agustina García, una reconocida activista social que defiende los derechos de los pueblos de la Sierra Mixteca. Historia presentada por Gatopardo y Periodismo CIDE, con apoyo de la Fundación W.K. Kellogg*.

Agustina García de Jesús toma el micrófono y sus palabras son como las piedras del Rey David: cantos pequeños y filosos que se clavan en la frente. Cuando habla, Agustina pone al país ante un espejo en el que nadie quiere verse: el destino violento de ser mujer, indígena y pobre.

Agustina es bajita y menuda, los ojos negros, los labios gruesos, el rostro afilado. La escucho por primera vez el 21 de septiembre de 2014 en un acto por la libertad de los presos de las policías comunitarias de Guerrero y las autodefensas de Michoacán. El encuentro ocurre en el auditorio de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), campus Colonia Del Valle, un barrio residencial de la capital del país. Ha desfilado una decena de oradores pero Agustina es, sin duda, la más poderosa.

Su español es imperfecto, salpicado de errores gramaticales. Lo aprendió hasta la adolescencia: su lengua materna es el tu’un savi o mixteco. Desde Ayutla, en Guerrero, García de Jesús ha viajado más de ocho horas para reclamar la liberación de su esposo, Arturo Campos Herrera, quien era asesor general de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias (CRAC-PC), la organización que construyó la Policía Comunitaria en la Sierra Mixteca.

Arturo está acusado de secuestro agravado y delincuencia organizada. Agustina, sin embargo, asegura que su esposo está preso por dotar a las comunidades de la Sierra Mixteca de un sistema de justicia comunitaria y seguridad pública que redujo la criminalidad en la región.

“No significa ser indígena quedar callados”, dice Agustina al borde del llanto. “Nos quitaban todo: violaciones, asaltos, homicidios. En nuestra zona, 98 homicidios en un año. [Con la Policía Comunitaria] bajó esa situación 99 por ciento. Y este es el coraje del gobierno, que no puede con la delincuencia. El gobierno quiere ser ciego, sordo y mudo. Queremos libertad nuestro marido. Su delito es organizar a la gente”.

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