La construcción de Golondrinas, un barrio en Ecatepec - Gatopardo

La construcción de Golondrinas

Muchos de los habitantes de Golondrinas tienen un pasado dramático, pero en este barrio de Ecatepec pudieron rehacer sus vidas. Un fotógrafo y un reportero retrataron la historia de este lugar edificado con las propias manos de sus colonos.

Tiempo de lectura: 16 minutos

Golondrinas ha sido una segunda oportunidad sobre la Tierra para cada uno de sus fundadores. Para Martha Garrido, Golondrinas representó la liberación de su verdugo: su marido, que se aparecía de noche con cuchillos a matarla. En Golondrinas Arturo Aguilar halló la paz tras huir de once años de indigencia y reencontrarse con un amor adolescente. Carlos Guzmán edificó en Golondrinas su versión de la vida: el arte de la navaja y el amor de padre de familia. Cada invierno, las golondrinas migran hacia el sur en busca de temperaturas cálidas. Golondrinas, un barrio en la periferia de la Ciudad de México, es una de las respuestas al invierno económico y moral que México representa para millones de mexicanos: la oportunidad de construir, con las propias manos, un verano privado y colectivo, una segunda oportunidad para una estirpe –los pobres de la tierra– condenada a siglos de invisibilidad.

Golondrinas es un barrio del municipio de Ecatepec, ubicado en los límites con Coacalco y Jaltenco. Un canal a cielo abierto –el Canal de Cartagena– lo separa de la colonia Luis Donaldo Colosio. Su frontera con Coacalco la delimita un terreno baldío conocido como La Laguna.

La periferia de la Ciudad de México ha sido borrada de la narrativa del país. Más de diez millones de personas habitan el cinturón urbano y proveen una energía laboral imprescindible: son nuestros obreros, albañiles y choferes; nuestras empleadas, limpiadoras y cocineras. Pero nuestra mirada los pasa de soslayo: no figuran en los libros de historia y la prensa los confina a la nota roja. Los periodistas concentran su atención en los centros decisorios como los parlamentos y los barrios de clase media. Padecemos una centralización de la mirada: México se representa higienizado de las penas y los sueños de millones de residentes periféricos.

Golondrinas es un barrio relativamente joven: sus primeros habitantes llegaron a mediados de los noventa a las tierras comunales de Guadalupe Victoria. En la memoria de los habitantes está fresca la desruralización y el fraccionamiento de parcelas de propiedad colectiva. Desde ese momento fundacional apareció en su historia el no-lugar como lugar. La mayoría de sus habitantes son, a ojos de la ley, invasores. Los nuevos colonos carecen de la certeza sobre sus terrenos, y el gobierno se retrasa al dotar de seguridad y servicios urbanos a una comunidad erigida sobre la incertidumbre.

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