Tecnología + ciudades: la nueva generación urbana
Las ciudades del mundo están implementando tecnologías que buscan mejorar la calidad de vida.
junio 26, 2019

Seúl, en Corea del Sur, se mueve casi con la precisión de un reloj y sin aparente esfuerzo. Sus arterias son redes de transporte público, ciclovías y avenidas que, limpias y seguras, conectan a más de 10 millones de habitantes. Para llegar a algún destino, se planifica una ruta de viaje a través de una app que integra todos los sistemas de transporte colectivo en tiempo real: las conexiones necesarias, cuánto tiempo tarda el próximo tren en llegar, así como las vías alternas más rápidas. En todo momento, se usa una sola tarjeta, la T-money, que funciona tanto para acceder al metro (cuyos trenes, por cierto, tienen módems de wifi) como a las líneas de autobuses y para pagar el taxi (todos cuentan con terminal de tarjeta) o en comercios. Las paradas de autobuses, denominadas u-Shelter, tienen pantallas digitales que, entre otras cosas, pronostican el clima. Y para cuando llega la noche, se recurre al servicio nocturno Owl Night Bus, cuyas rutas se escogieron a partir del análisis de 3 000 millones de llamadas nocturnas para identificar las áreas de mayor actividad.

En el mismo hemisferio, Singapur funciona con un modelo similar. En 2014, bajo el programa Smart Nation, la ciudad adoptó nuevas tecnologías para convertirse en un referente de e-government. La gente accede a los servicios digitales y a la información de la ciudad gracias a grandes almacenes de datos abiertos. La isla cuenta con red de fibra óptica que proporciona internet de alta velocidad; según el Banco Mundial, 84% de la población tiene acceso a internet. En las calles, los semáforos no sólo funcionan on demand, sino también tienen un trato preferencial para las personas de la tercera edad, quienes, con una tarjeta que ponen en un lector ubicado al lado del semáforo, tienen más tiempo para cruzar una calle que un peatón normal.

En Nueva York, su departamento de protección ambiental está implementando un sistema de lectura de medidores automatizada (AMR, por sus siglas en inglés) en más de 800 000 propiedades, y proporciona información precisa sobre el consumo diario de agua de las personas. Con este sistema, el programa de Notificación de Fugas reportó que se han ahorrado más de 73 millones de dólares. Los botes de basura, a su vez, tienen sensores inalámbricos que monitorean el nivel de basura, con el fin de programar una recolección más eficiente. Por ésta y otras medidas, Nueva York fue declarada como la ciudad más inteligente del mundo por segundo año consecutivo, según el índice Cities in Motion (ICIM), elaborado por el IESE Business School en 2018.

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Nueva York ha implementado sensores inalámbricos en botes de basura con el fin de una recolección eficiente.

Éstos son un par de ejemplos de cómo las smart cities, ciudades inteligentes, están adquiriendo cada vez mayor fuerza dentro de las actuales agendas gubernamentales a escala global. El término, que comenzó a adquirir popularidad a finales de los años noventa, hace referencia al uso de tecnología para la interconexión de edificios, fábricas, autos, plantas de generación de energía, entre otros, con el fin de mejorar la gestión de recursos en beneficio de las personas y del medio ambiente.

Las ciudades dejarán de ser armatostes de hierro y concreto para convertirse en un universo invisible de redes, computadoras y software; un sistema nervioso que conecta, mediante internet, las actividades cotidianas. El futuro les pertenece a ellas.

Para 2050, la onu pronostica que 70% de la población mundial vivirá en áreas urbanas, por lo que se requerirán nuevas estrategias para un funcionamiento óptimo y eficiente. El internet de las cosas (IoT, por sus siglas en inglés), con el que los dispositivos se pueden interconectar en línea, es la clave para lograrlo. Se estima que el mercado global para esta tecnología alcanzó los 130 000 millones de dólares en 2018; y según la compañía de datos y análisis, Global Data, se proyecta que alcance los 318 000 millones para 2023.

“Una ciudad inteligente es aquella que se preocupa por que el ciudadano o todos los participantes tengan una mejor experiencia: que los suministros que haya en un hogar, en un negocio o en una calle sean los adecuados; que los espacios en los que transitas propicien la mejor calidad de vida”, explica Carlos Allende, vicepresidente de Enterprise Business Solutions de AT&T México.

Nueva York ocupa el lugar número uno en el ranking de ciudades inteligentes de IESE Business School 2018. En Latinoamérica, Buenos Aires lidera el ranking con la posición 76 a nivel global, seguido por Santiago de Chile, en la posición 86, y México en la 107. Aunque actualmente no hay una estrategia o foro nacional integrado que reúna todas las propuestas políticas y empresariales, lo cierto es que tanto gobiernos como la iniciativa privada realizan cada vez más esfuerzos para acercarnos a esta realidad. La aplicación de las smart cities podría mejorar la calidad de vida de las personas en un futuro muy cercano.

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Seúl identificó las zonas de mayor actividad en el transporte público nocturno para un servicio óptimo.

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Todos los días en la Zona Metropolitana del Valle de México (que comprende la Ciudad de México, 60 municipios del Estado de México y uno de Hidalgo) se realizan 15.5 millones de viajes en transporte público, y los periodos de traslado promedio oscilan entre 31 minutos y dos horas. Algunas de las rutas más conflictivas, como las que van del oriente de la ciudad al norte, o de oriente a la zona centro, no son la excepción: trasladan diariamente a miles de ciudadanos en trayectos que abarcan 10 y 14 kilómetros.

En la búsqueda de compartir características de operación, distancia y flujo similares, en 2018 el Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo (ITDP) y la empresa de telecomunicaciones AT&T escogieron ambas rutas para hacer un ejercicio del internet de las cosas. A los autobuses se les instalaron dispositivos de monitoreo en tiempo real conectados a internet, los cuales alertaban a los conductores cuando excedían la velocidad permitida, aceleraban o giraban de manera agresiva, o dejaban el vehículo encendido sin movimiento durante un tiempo determinado.

Los resultados fueron por demás favorables: no sólo se redujo el consumo de diésel en 1.6 litros por día, lo cual puede llegar a evitar la emisión de 23 toneladas anuales CO2 en la atmósfera, sino que también se logró bajar la frecuencia con la que se excede el límite de velocidades en 35%. Todo esto está desplegado en un informe delITDP, que se presentó a mediados de marzo de este año. En ese evento, a su vez, el titular de la Secretaría de Movilidad (Semovi) anunció que comenzará la instalación de sistemas de localización GPS en todas las unidades de transporte público concesionado.

Un año antes, en 2017, en el Mercado de Río Blanco, al oriente de la Ciudad de México, se realizó una prueba piloto (de noviembre de 2017 a septiembre de 2018), en la que se equipó al mercado con wifi y un sistema de videoanalítica que permitió realizar un análisis de movimiento, patrones de velocidad y detección de anomalías, entre otras cosas. El mercado era monitoreado como en un mapa de calor. En tiempo real era posible detectar dónde había mayor afluencia de personas. “Descubrimos que cuando los jóvenes se dieron cuenta de que había wifi en el mercado, comenzaron a ir más y se encontraron con productos más frescos, con precios más accesibles”, dijo Allende, de AT&T.

Estos proyectos forman parte de la cartera de soluciones piloto que AT&T está promoviendo para una ciudad más inteligente. En 2017, además, firmó un acuerdo con el gobierno de la Ciudad de México para proveer internet en las líneas del metro 1, 2, 3 y 7, lo que beneficia a más de 2 millones y medio de pasajeros a diario.

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Una ciudad inteligente es aquella que se preocupa por que sus ciudadanos tengan una mejor experiencia de vida. /Getty Images / Richard Levine / Corbis

Pero no es la única. Desde 2016, la española Telefónica, junto con el gobierno de León, Guanajuato tienen el proyecto de iluminación inteligente en el que la intensidad de la luz de los postes se eleva o disminuye de acuerdo con el tráfico real, lo que se traduce en un ahorro de energía.

Para Enrri González, vicepresidente B2B de Telefónica, esto sólo es el comienzo: “A partir de la inteligencia de estas innovaciones se obtienen datos importantes que, en conjunto con analítica avanzada, podrán proporcionar a las entidades gubernamentales las herramientas necesarias para sensorizar las ciudades y generar eficiencias operativas, técnicas, económicas y ambientales”.

Tanto AT&T como Telefónica tienen iniciativas que buscan acercar empresas a que conozcan e inviertan en estas soluciones. Por un lado, Telefónica cuenta con LUCA Smart Steps, una plataforma que identifica y analiza datos en tiempo real que se producen en la red móvil de Telefónica a nivel global las 24 horas del día y los 365 días del año. Y por el otro, AT&T inauguró el Centro de Experiencia Empresarial (CXE) en la Ciudad de México, en 2017, un showroom de soluciones inteligentes. En éste, los visitantes conocen el potencial de la tecnología en rubros como control de flotillas y ciberseguridad.

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Rodrigo Díaz lleva viviendo más de 10 años en la Ciudad de México. Originario de Santiago de Chile, es arquitecto, consultor en desarrollo urbano y movilidad, y autor de un popular blog donde escribe de estos temas, conocido como Ciudad Pedestre. Desde diciembre de 2018, es subsecretario de movilidad de la Ciudad de México y, junto con el secretario, Andrés Lajous, dirige una estrategia para transformar el panorama de movilidad en la Ciudad de México, en la que busca mejorar la calidad del transporte colectivo y promover la cultura ciclista.

El primer gran paso es la creación de un Sistema Integrado de Transporte Público (SITP) —tal como funciona en Chile desde 2007— que articule los diferentes medios de transporte bajo una única autoridad y estructura de operación. La meta es lograrlo para 2024. El transporte, cabe mencionar, representa más de 20% de las emisiones de CO2, según el estudio “Movilidad inteligente. Diagnóstico de la situación actual en México”, del ITDP. Con esto, dice Díaz, se facilita el uso para el usuario, quien no necesariamente es tecnologizado. “Tendemos a creer que todos tienen acceso a internet. Ese porcentaje de escasos recursos es el usuario de transporte público, por lo que hay que facilitar su uso”, apunta.

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Getty Images / Stephen J. Boitano / LightRocket.

Y es que una cosa es cierta: las iniciativas a favor de las ciudades inteligentes, sin una planificación correcta, corren el riesgo de quedarse en las buenas intenciones y, por el contrario, promover la desigualdad. El concepto de ciudades inteligentes, en todo caso, requiere el empoderamiento de los ciudadanos. Está el caso de Seúl, donde (según el reporte de ITU-T Technology Watch), en 2012, su gobierno distribuyó dispositivos de segunda mano para familias de bajos ingresos. Los ciudadanos son motivados a donar sus viejos dispositivos para comprar nuevos mediante un incentivo de reducción de impuestos, de 50 a 100 dólares por dispositivo donado.

En cuanto a México, especialistas indican que será necesario expandir el acceso a internet, ya que, según el Banco Mundial, la cobertura es aún de 64% (contra 84% de Singapur).

Entre tanto, en otros países las soluciones avanzan. A partir de mayo, en Singapur circularán autobuses públicos con jardines instalados en sus techos. La iniciativa “Garden on the Move” —financiada por la Fundación Temasek y con el apoyo de la Junta de Parques Nacionales, Moove Media y el Consejo de Edificios Verdes de Singapur— es parte de un estudio de tres meses para ver si los techos verdes contribuyen a disminuir la temperatura dentro de los autobuses y, de esa forma, potencialmente reducir el combustible utilizado para el aire acondicionado.

En un futuro, cuando 70% del mundo esté dominado por áreas urbanas, quizá vivir en ellas sea más sostenible. Hoy, a pesar de que representan menos de 2% de la superficie de la Tierra, está comprobado que las ciudades son los principales contribuyentes al cambio climático, que consumen 78% de la energía del mundo y producen más de 60% de las emisiones de gases de efecto invernadero, de acuerdo con la ONU-Habitat. La promesa de ésta y más iniciativas forman parte de una transformación que ya no tiene vuelta atrás.


 

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