El gran especulador
Siguiendo con lo aprendido en Wall Street, el artista Jeff Koons creó un imperio alrededor de su imagen y obra.
enero 31, 2019

A principios de la década de los ochenta, la carrera de Jeff Koons, atravesaba un momento difícil. Tras presentar un par de sus obras—incluyendo las primeras piezas de su colección “Inflables” en las que hace referencia a la estética provocada por el plástico con el que se hacen los globos— y haber trabajado en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA), Koons regresó a vivir con sus padres y entró a trabajar en una oficina de Wall Street para subsistir artística y económicamente.

De sus años como corredor de bolsa el artista estadounidense aprendió cómo hacerse un nombre por sí mismo aunque esto implique, al igual que sucede con las acciones en Nueva York, especular sobre el valor de su obra y su trabajo creativo.

Jeff Koons, nacido en York, Pennsylvania, el 21 de enero de 1955, siempre quizo ser artista; él dice que siempre lo fue. “Yo siempre fui un artista. He sido un artista desde que nací”, mencionó en 1992 para la publicación The Jeff Koons Handbook, texto que acompañaba las ventas de su obra en Londres.

Lo cierto es que desde pequeño Koons siempre manifestó un interés por el arte. Motivado por su padre, un decorador de interiores, Koons tomó clases de pintura desde los siete años. Para los nueve, sus primeras obras eran exhibidas en el aparador de la tienda de su papá. En su adolescencia presentó algunas de sus piezas ante amigos y familiares, al mismo tiempo que mostraba una admiración absoluta por el trabajo de Salvador Dalí, a quien una vez buscó en Nueva York.

Cuando llegó el momento, Koons persiguió su pasión, enlistándose para estudiar pintura en la Escuela del Instituto de Arte de Chicago (SAIC) y el Instituto para la promoción de la Mecánica de las Artes de Maryland (MICA). En 1977, Koons se mudó a Nueva York.

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Koons, posando junto a un par de cerdos, en la portada de uno de sus catálogos – Fotografía: Jeff Koons

Ese mismo año, Koons obtuvo su primer acercamiento con la “industria” del arte, al ser contratado por el MoMA para atender el buró de membresías. Su estrafalaria vestimenta –donde mezclaba lentejuelas con corbatines y un globo con forma de flor– y su actitud, lo hicieron destacar rápidamente entre el staff del museo.

Influenciado por el trabajo del artista francés Marcel Duchamp y el estadounidense Andy Warhol, Koons comenzó a trabajar en obras conceptuales a finales de los setenta. Entre 1977 y 1979, Koons presentó cuatro colecciones, incluyendo The Pre-New, compuesta por utensilios domésticos agregados a instalaciones de luz, y The New, una serie de aspiradoras montadas en cajas iluminadas. Sus primeras piezas fueron vendidas por la coleccionista Mary Boone, que conoció a Koons en el MoMA y Annina Nosei, una famosa galerista de Nueva York. Sus piezas no se vendieron por más de 1000 dólares.

Antiquity 1, Jeff Koons / Jeff Koons art work

Sin embargo, el poco éxito que persiguieron a sus obras, obligó a Koons a bajar la guardia y regresar a vivir con sus padres en Florida. Era 1982 y el hombre que en algún momento se había considerado a sí mismo con un sucesor neo-expresionista de Julian Schnabel y David Salle, se encontraba viviendo bajo el techo familiar y juntando dinero para regresar a Nueva York. Ahí, en ese momento que muchos considerarían como el fondo de una historia, Koons encontró la solución a sus problemas económicos y de difusión: especular.

Seis meses después, a su regreso a Nueva York, Koons obtuvo la licencia como corredor de bolsa y empezó a trabajar especulando sobre materias primas y bienes raíces. Sus ganancias eran destinadas a financiar su arte y mantenerlo activo dentro de la escena artística neoyorquina. Así fue como convenció a figuras relevantes del arte, así como coleccionistas, de financiar su arte valiéndose en las ganancias que podrían obtener en un futuro. La única garantía que ellos tenían en ese momento sería la importancia que Koons prometía construir alrededor de sí mismo. Una vez más entraba al negocio de la especulación, ahora desde el plano artístico.

Art Ad Portfolio, Jeff Koons / Jeff Koons art work

La primera gran muestra de su capacidad de venta fue 1983, cuando presentó la primera de las obras que conformaron la serie Equilibrium, compuesta por balones de básquetbol flotando en agua destilada. Dicha pieza, de la que Koons afirmó haber logrado gracias al apoyo del físico estadounidense Richard Feynman (Premio Nobel de Física en 1965), fue vendida en ese mismo año por tres mil dólares; actualmente está valuada en más de 240 mil dólares. Entre 1985 y 1991, Koons presentó cinco series de trabajo distintas, atrayendo la atención de la vendedora Estelle Schwartz –quien vendió una docena de elementos de la colección Equilibrium entre sus clientes habituales– y el coleccionista Daniel Weinberg, quien ofreció trabajar con Koons a cambio de una fracción de sus ganancias.

Su siguiente colección, Statuary, impulsó la figura de Koons gracias a una de sus piezas: Rabbit, una figura en acero inoxidable que retomaba a un conejo inflable. A pesar de las constantes críticas a su trabajo, el artista fue tomando importancia en el medio. En los años siguientes, Koons se volvió un frecuente referente del arte contemporáneo, especialmente después de la presentación de la serie Banality, cuya construcción fue encargada a talleres artísticos en Alemana e Italia. En ella, Koons jugaba con las texturas de la cerámica, la porcelana y la madera, representando a diferentes figuras de la cultura pop; la máxima pieza de la colección, Michael Jackson and Bubbles se vendió en 1991 por más de cinco millones de dólares. Después llegarían la serie Made in Heaven y Puppy, una de las piezas comisionadas para establecerse junto al Castillo Arolsen, en Alemania. La escultura de 13 metros de alto, cubierta por flores de cinco especies diferentes, fue comprada por la Fundación Guggenheim para colocarse afuera del Museo Guggenheim en Bilbao, España.

Tras una breve temporada de ausencia en los noventa, dedicada en su mayoría para pasar tiempo con su hijo y recuperarse de su divorcio de la actriz porno húngara Ilona Staller –mejor conocida como “La Cicciolina”–, Koons regresó con lo que sería su obra más icónica: la serie Celebration, compuesta por figuras en tonos eléctricos que, una vez más, retomaban, la estética de los globos de plástico. Dicha serie le daría a Koons el renombre y poder que ostenta hasta hoy en día.

Lobster, Jeff Koons / Jeff Koons art work

En años recientes, Jeff Koons se ha convertido en uno de los favoritos del arte contemporáneo. Sus piezas viajan alrededor del mundo y su nombre, que en su momento fue vilipendiado por curadores y críticos, es conocido incluso por la audiencias que no están acostumbradas a acercarse al arte o los museos. “Como le gusta señalar a Koons, alguien en cada generación debe ser considerado como un brillante ejemplo de lo que está mal con el arte actual”, mencionó Paul Schimmel, curador en jefe el Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles a ArtNews. “Es un trabajo sucio, pero Koons, que tiene la mentalidad de un misil, ha asumido el deber. La estrategia conceptual de Koons es revelar su ambición”.

En cierta ocasión, Koons mencionó que “los grandes artistas del futuro serán grandes negociadores”. Como prueba de ello, o como terrible advertencia, está Koons, un hombre que logró especular sobre su valor y el valor de su arte hasta llegar a donde está. Nada mal para alguien que casi abandona sus metas y se fue a vivir a casa de sus padres a los 27.

* Fotografía de portada: Raphael Gianelli-Meriano para Dom Perignon

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