Un hotel para migrantes es un hotel de paso - Gatopardo

Un hotel de paso

Creado por un mexicano de origen japonés y principios mormones, este hotel refugia a los deportados

Unas sombras proyectadas desde atrás por las luces poderosas de la aduana de Estados Unidos se acercan compactas y lentas en medio de la neblina. Son las dos de la mañana. La línea entre la ciudad de Mexicali y Calexico es un hoyo de oscuridad, de humedad y de frío. El grupo camina sin prisa. Son cerca de veinte personas, todos hombres, vestidos con pantalón y playera, aunque haga frío.

Se acercan a la oficina del Instituto Nacional de Migración. Allí, todas las luces están prendidas, como para evidenciar que nunca cierran, que los funcionarios siempre están en servicio. Pero el empleado en turno está profundamente dormido, roncando, hundido en una silla, y no tiene la menor intención de atender a este grupo de personas que acaba de entrar al territorio mexicano. No se levanta ni siquiera después de varios intentos de despertarlo desde afuera. Norteados y cansados, temblando por el frío, los hombres se alejan de la frontera para buscar un lugar donde pasar la noche.

Todos ellos son ciudadanos mexicanos. Han llegado, como muchos otros lo hacen diariamente, procedentes de algún reclusorio de Estados Unidos. Habían sido detenidos por ser indocumentados. Algunos habrán cometido crímenes diferentes, pero al final tienen la misma suerte de los demás por estar allá sin papeles. En general, estos deportados llegan con la ropa y las pocas pertenencias que tenían al momento del arresto. Es común que no estén preparados para el frío del invierno de Mexicali.

La ropa es lo de menos. Hoy es viernes en la noche, y el grupo no ha tenido la suerte de que la oficina de migración mexicana esté abierta y les entregue un documento provisional. Tendrán que esperar hasta el lunes. Las instituciones mexicanas no destacan por su apoyo a estas personas. Consideran su llegada más bien como un problema. Y si se observa la forma en que los funcionarios tratan a sus paisanos recién llegados, da la impresión de que se hubieran formado en las mismas escuelas de sus colegas en Estados Unidos.

migrantes latinoamericanos

Otra sombra sale de la oscuridad y alcanza al grupo: les da unas palabras de bienvenida y les proporciona información. “A pocas cuadras de aquí se encuentra el Hotel Migrante —dice—. Es un refugio seguro donde pueden quedarse. No es muy bonito, la verdad, pero hay agua caliente, hay comida y unas cobijas para dormir. No está muy lejos. Si quieren pueden pasar, es muy peligroso quedarse aquí en la noche”.

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