La puesta en escena de Arrevillaga. Conquistando el teatro mexicano.

La puesta en escena de Hugo Arrevillaga

En el mundo del cine, los rostros más reconocidos y respetados son los de los directores. Pero en el teatro, muchos creadores continúan con su papel silencioso tras bamblinas. ¿Qué hace realmente un director de teatro?

Hugo Arrevillaga se sienta en la tercera fila de un teatro, pero advierte que yo lo haga en la segunda. Le parece el mejor lugar. Él señala una butaca y cede el asiento como el anfitrión que brinda el mejor sitio a su invitado. Es una tarde de octubre de 2014. Estamos en el foro La Caja Negra del Centro Universitario de Teatro (CUT), en Ciudad Universitaria, donde él se formó como director y actor, hoy de 41 años. Viste con un saco de terciopelo color vino y un par de botas marrón, que suele usar en casi todas las ocasiones con distintas chaquetas. Aquí, en este recinto, está listo para observar la primera representación de Ventanas, obra de teatro escrita y dirigida por él, basada en los textos de Wajdi Mouawad, el escritor y dramaturgo libanés-canadiense que ha marcado e inspirado su carrera teatral.

Arrevillaga ha llevado a los actores Karina Gidi, Arcelia Ramírez y Juan Manuel Bernal a los límites de la interpretación. Ha dirigido cerca de 40 obras de teatro en los últimos años. La mayoría en la Ciudad de México, pero también en estados como Veracruz, Zacatecas y Baja California; y ha viajado a festivales internacionales como Globe to Globe en Londres y Bitola Shakespeare Festival en Macedonia, con la obra Enrique IV de William Shakespeare que montó con la Compañía Nacional de Teatro y que tendrá un reestreno este verano de 2016, en el teatro Julio Castillo. Años atrás, en 2012, Arrevillaga dejó boquiabiertos a los londinenses en el legendario The Globe con esta puesta en escena. En un recinto que exigía no contar con escenografía ni iluminación y estar al aire libre, donde los espectadores rodean de pie el escenario, muy cerca de los actores. El periódico británico The Guardian calificó esta puesta como “una versión en español mexicano energética y deliciosamente muscular que a pesar de no contar con los versos originales, cautivó a la audiencia. Una producción de Shakespeare tan buena como cualquier otra que se haya presentado en el Globe”.

Ahora Arrevillaga está en su alma máter universitaria. Considera al CUT como el mejor lugar para quien desee ser actor en México: admite un promedio de 15 aspirantes de 300 que se presentan anualmente, y él, como uno de esos elegidos en 1997, utilizó esta exigencia de admisión para convencer a sus padres de que le permitieran mudarse de Monterrey a la capital mexicana y abandonar su carrera de Comercio Internacional en el Tecnológico de Monterrey (cuando llevaba siete semestres cursados), para convertirse en actor.

Más que la romántica persecución de un sueño, la vocación lo llamó.

—No entiendo mi vida de otra manera. Mi vida es el teatro —dice y no deja de saludar a los universitarios con un ¿cómo vas?

Arrevillaga sonríe, aunque da la sensación de no hablar más de lo necesario. Sus respuestas son escuetas, e incluso se sonroja cuando uno le pregunta si considera que sus puestas han cambiado el rumbo del teatro mexicano. No obstante, puede pasar horas y horas hablando del teatro y la función del artista en la sociedad:

—Creo que el teatro es la relación más personal que puede encontrarse en el arte, para vernos cara a cara, enfrentarnos con el otro, con su existencia, y por eso interpela tanto.

Aunque no se considera un docente propiamente, entonces Arrevillaga se hacía cargo del proyecto de fin de carrera de los estudiantes de actuación del CUT. Lo hacía con una obra que él mismo escribió: Ventanas, que se estrenaba casi a la par de los sucesos de Ayotzinapa, Guerrero, la desaparición de los 43 estudiantes normalistas. Esto que parecía sólo una coincidencia, marcaría el destino de Arrevillaga y Wajdi Mouawad.

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