La Cuba de la eterna carestía, rumbo al segundo Periodo Especial

La Cuba de la eterna carestía, rumbo al segundo Periodo Especial

Que una mujer embarazada se alimente como es debido, es hoy todo un reto en Cuba. Aún teniendo con qué pagarla, en las tiendas simplemente no hay comida. La escasez es tal que los cubanos reconocen aterrados la posible llegada de un segundo Periodo Especial.

Tiempo de lectura: 10 minutos

Me asomé al balcón y en los bajos del edificio estaba mi madre empapada de sudor. Segundos antes me había llamado por teléfono para que le tirara la llave. En casa tenemos una bolsa de tela en la que le lanzamos a todo el que nos visita la llave de la puerta del edificio. Estiré el brazo y la dejé caer dos pisos abajo. Mi madre la recogió del suelo. Cuando subió la escalera, el sudor le chorreaba por los brazos y piernas, su rostro estaba completamente mojado. Había caminado seis kilómetros a 30 grados Celsius para felicitarme por el Día del Padre, pues en La Habana, para evitar la propagación del coronavirus, está prohibida la circulación de taxis y ómnibus públicos hasta que el gobierno decrete el cese de la cuarentena. Si alguien desea moverse de su hogar, lo tiene que hacer por sus propios pies o en bicicleta.

La medianoche anterior varios amigos me habían escrito. Veía una película con Claudia y tuvimos que detenerla porque las frases solemnes y cursis que llegaban a mi teléfono nos hicieron mucha gracia. Me sentí bien raro leyendo todo aquello, como si no estuviera dirigido a mí sino a otro. Pero aunque no crea en este tipo de festividades ni las celebre, definitivamente ya soy padre. El bebé, en la barriga de Claudia, duerme flotando en líquido amniótico y a mí me encanta hablarle y poner las manos para sentir sus pataditas.

Ya en el apartamento mi madre me abrazó y me dio un beso. No sentí sus labios porque llevaba mascarilla, pero aún así fingí alegría por el día de los padres. Pasamos a la que será la habitación del niño. Ya faltan solo dos meses para que nazca. Allí, mientras Claudia y yo ordenábamos la ropa de los primeros meses del bebé, mi madre sacó de su cartera una jaba con un regalo para mí: cuatro jabones y una pasta dental. “En estos tiempos, un mejor regalo es imposible”, me dijo.

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