Opinión | José Ramón Cossío: Las cosas por su nombre - Gatopardo

Las cosas por su nombre

Las funciones del derecho en la vida cotidiana son tantas y tan comunes que pasan desapercibidas. Una de ellas es nombrar a una gran cantidad de personas, cosas y fenómenos como la actual pandemia. Nombrar es crear. Al hacerlo, se crea una materialidad desde luego jurídica, pero también social.

Tiempo de lectura: 6 minutos

Hace unas semanas fui invitado a escribir en este medio. Mi primera reacción fue de alegría, tanto por su calidad como por el afecto que guardo a quien lo hizo. Después, con más calma, me pregunté sobre qué podía escribir alguien que lleva metido más de cuarenta años en el mundo del derecho. Gatopardo no es desde luego un medio jurídico. Es un medio cultural, compuesto por muy diversas materias y reflexiones sobre ellas. De la alegría pasé al sobresalto. Luego, se me ocurrió que mis colaboraciones debieran ayudar a divulgar el derecho en un país en donde se le conoce poco. Me imaginé escribiendo columnas sobre los elementos esenciales del amparo, el estatus de los migrantes o las diversas maneras de contribuir al gasto público. A mí mismo me dio una enorme pereza avanzar por este camino.

Mi segunda pretensión fue considerar al derecho en el modo cultural de la publicación donde mis contribuciones iban a alojarse. Si, como acabo de decirlo, llevo cuarenta años haciendo cosas jurídicas, ¿por qué no exponerlas desde un punto de vista no jurídico? Desde que inicié mis estudios de licenciatura, he sido litigante, profesor, investigador, consultor, juez, mediador, autor y comentarista. Desde esas posiciones he tenido que actuar para identificar, explicar y crear derecho; ya sea siguiendo las formas canónicas de producción de conocimientos y normas, ya buscando maneras de cuestionarlas. Pero a veces he tenido la oportunidad de sustraerme a esos mundos operativos de la experiencia jurídica para contemplar, desde fuera de los mismos, lo que se hace en ellos. Por ejemplo, preguntándome qué hacen quienes explican la Constitución o, más recientemente, qué suponen que hacen los jueces cuando imparten justicia.

Lo que quiero hacer en mis colaboraciones para Gatopardo es continuar con ese ejercicio: analizar el derecho con una mirada externa. Preguntar, más que por los sentidos de las normas al dar una clase o fundamentar una sentencia, por las acciones y condiciones requeridas para dar esa clase de un modo y no de otro, o para realizar esa actividad jurisdiccional bajo ciertos supuestos y no otros. Tomando la expresión de Ortega y Gasset que tan felizmente ha desarrollado entre nosotros Jesús Silva-Herzog Márquez, quiero adentrarme en el mundo jurídico para elaborar unas notas de mi “andar y ver” en él. A veces como fruto de curiosidades o perplejidades propias; a veces colocado en la situación de alguien que, sin pertenecer a ese mundo, se interesa por él o al menos le resulta curioso. Empiezo hoy con esta última posibilidad.

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