Vivir sin miedo. La historia de un corrido feminista - Gatopardo

Vivir sin miedo. La historia de un corrido feminista

Una mañana de 2020 una joven compositora recibió una llamada, un encargo, que le cambió la vida: una canción sobre los feminicidios en México. La letra llegó a todas las agencias de noticias y estuvo presente en cada protesta feminista subsecuente del país. Las mujeres la adoptaron sin reservas; sus versos llenaron pancartas, cubrieron muros y hasta aparecieron en una película. El hartazgo ante la impunidad, el empoderamiento y la protesta se fundieron en el sello político de Vivir Quintana.

 

Vivir Quintana no estaba furiosa la tarde en que escribió la canción. No lo estaba cuando tomó su guitarra y un cuaderno, y volcó en versos la rabia ante la violencia que viven las mujeres en su país. Anotó ideas, borró y reescribió: la desigualdad, el acoso, el miedo a ser la siguiente víctima, lo que las mujeres conocen en carne propia. Dejó las frases más definitivas al inicio de cada página y las fue pegando con cinta adhesiva hasta tener la canción completa. La nación de los 10 feminicidios diarios —según los últimos datos del INEGI— la había preparado para este momento, sentada en el patio de la casa de sus padres, en una pequeña ciudad de Coahuila, al norte de México.

En nueve horas condensó lo que, en años recientes, millones de mujeres han buscado articular como un grito de justicia: palabras para señalar a los responsables, para exigir que se tomen acciones contra estos crímenes, para enunciar la fuerza de la sororidad. Y con ellas su voz resonó en la forma de un corrido en la plaza principal de la Ciudad de México y, después, alcanzó al resto del país hasta convertirse en un símbolo.

—Quería una canción de lucha, de auxilio y justicia, como si estuviera en una marcha —dice la cantautora de 35 años, a través de Zoom, en la víspera de la Navidad de 2020. Está visitando a sus padres, luego de meses de presentaciones, y aceptó dar esta entrevista desde allá, en una habitación de paredes amarillas.

—Tenía la adrenalina y el deadline a tope —recuerda emocionada—, pero estaba buscando las palabras precisas en mi cabeza que quería que se oyeran, y hacerle también honor a estas mujeres que luchan.

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