Telarañas: una proeza cotidiana - Gatopardo

Telarañas: una proeza cotidiana

Cada día y en menos de una hora, las arañas tejen alrededor de treinta metros de hilo para darle forma a una telaraña de 45 por 45 centímetros.

No importa si es recién nacida, si está en una estación espacial que orbita la Tierra o bajo el efecto de metanfetaminas, una araña rara vez estará indispuesta para tejer. A algunas les basta una hora o menos para dejar lista su cotidiana obra maestra. Que puedan hacerlo sin previo aprendizaje, en condiciones de ingravidez o incluso drogadas nos dice mucho de lo importante que es esta actividad para su supervivencia. Sin ayuda de esa intrincada y viscosa red, no tendrían alimento.

Las arañas y sus tejidos ya habitaban los rincones de la Tierra antes de que lo hicieran las flores, las aves y, por supuesto, los humanos. Incluso anteceden a los primeros insectos con alas, por lo que las telarañas más antiguas probablemente atrapaban sólo presas “peatonales” y no voladoras. Se intuye que las primeras trampas tejidas se montaban sobre o cerca de la superficie de la tierra y no colgando en el aire como muchas lo hacen hoy en día. Hay quienes especulan, incluso, que esas primeras telarañas jugaron un papel en la evolución de los insectos alados.

CONTINUAR LEYENDO

COMPARTE

Recomendaciones Gatopardo

Más historias que podrían interesarte.