Homeostasis / Transistasis; la cortina visual de Nicolás Beltrán

La cortina visual de Nicolás Beltrán

El artista colombiano Nicolás Beltrán presenta una colección selecta de su obra en el Museo Olga Costa – José Chávez Morado de Guanajuato.

En uno de los textos más conocidos de su libro Naturalis Historia, el escritor latino Gaius Plinius Secundus – mejor conocido como Plinio el Viejo- estableció una de las metáforas más conocidas referentes a la ilusión pictórica en el arte. Según su relato, el trabajo artístico desarrollado por los renombrados pintores Zeuxis y Parrasio durante el siglo V a.C. fue sometido a un concurso para dictaminar quién de los dos era el mejor artista de la época. Zeuxis, proveniente de Heraclea, pintó un manojo de uvas tan convincente que había engañado a un grupo de pájaros que de inmediato bajaron a intentar picotearlas. Parrasio, originario de Éfeso, en su lugar presentó un velo. Cuando se le pidió que levantara el manto para mostrar su trabajo, los testigos descubrieron que el velo no era una protección, sino la pintura a presentarse.

En 1964, el psicoanalista francés Jacques Lacan describió a dicho mito como una de las claves del comportamiento humano al detallar que, mientras los animales son atraídos por las apariencias y lo que se presenta en el lienzo -dígase un realista manojo de uvas-, el ser humano es seducido por lo que desconoce y se imagina; por lo que se esconde detrás de un velo. Bajo ese concepto, el joven artista colombiano Nicolás Beltrán presenta en la exposición Homeostasis / Transistasis un conjunto de obras que juegan con la metáfora de Plinio el Viejo y atrapan al espectador, invitándolo a mirar de cerca en escenas cotidianas cuyo realismo puede convencer a más de uno.

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“Sus imágenes demandan en gran medida, una conexión frontal con sus espectadores dado que son concebidas como ilusiones visuales mediante artificios tales como la perspectiva geometral, la atmósfera tonal o el ámbito cromático. Sin embargo, no todas las piezas buscan establecer su significación desde las mismas coordenadas, dado que algunas se circunscriben más fielmente a los códigos que han configurado la pintura a lo largo de la historia, mientras que otras desafían esos mismos códigos planteándole a los espectadores una cambiante experiencia de sentir que la imagen ocurre entre las pinturas y su cuerpo o entre su cuerpo y lo que estaría detrás de las obras como ilusión”, explica el investigador y crítico de arte Jaime Cerón Silva en el catálogo de la muestra.

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Momento 1-9. Mixta sobre papel. 2018 – Cortesía: Nicolás Beltrán.

En uno de los módulos de la exposición, que se presentará hasta el 17 de septiembre en el Museo Olga Costa – José Chávez Morado de Guanajuato, el artista egresado de la Universidad Nacional de Colombia, utiliza la ilusión pictórica y la apropiación de aspectos imaginarios en escenarios como una bañera cuya superficie se refleja en el agua o un cristal empañado por la lluvia que, del otro lado de las gotas, presenta a un joven meditabundo. “Al basarse en ilusiones que hacen parte de la experiencia subjetiva del mundo, estas obras nos hacen experimentar con la visión, que no es transparente sino opaca y que la pantalla de la visibilidad tiñe de su materialidad todo lo que vemos a través de ella”, detalla Cerón.

En otro de los espacios, Beltrán hace gala del control de los cuatro frentes pictóricos en los que ha enfocado su trabajo -profundidad, superficie, espacio y repetición-, a través de un conjunto de obras, en óleo, acuarela y dibujo, donde describe a personajes en situaciones donde su relación con el espacio dista de ser convencional. El artista introduce al que mira a una dimensión serial donde toda imagen refiere a una imagen precedente. Por último, la exposición presenta uno de los cuadros más afamados de Beltrán, Los niños perdidos, donde el autor rompe con la monotonía de la representación artística y toma como punto de origen el techo, presentando en esa superficie una escena de rebeldía juvenil entre botellas vacías, latas, sábanas destendidas y jóvenes en ropa interior.

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“Los niños perdidos”. Óleo sobre lienzo. 2016 – Cortesía: Nicolás Beltrán.

Después de presentarse en Ibagué, Bogotá y la Ciudad de México, el trabajo de Nicolás Beltrán llega a Guanajuato decidido a llevar a los espectadores dentro y fuera de su perspectiva de las corrientes artísticas. Paradójicamente, al presentar una realidad velada, el artista construye una profundidad aún mayor que la sorpresa que cualquiera espera encontrar bajo una cubierta, no importa si ésta es un cristal empañado, un techo que mira a la distancia o un velo que promete ocultar un racimo de uvas.

Homeostasis / Transistasis
Hasta el 17 de septiembre
Museo Olga Costa – José Chávez Morado, Guanajuato
cultura.guanajuato.gob.mx

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