Fin de un mundo
Una multitud llega a la Plaza de Mayo para recordar a los 30.000 desaparecidos por la dictadura
abril 8, 2019

Argentina, 24 de marzo, Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia.

A cuarenta y tres años del Golpe de Estado en Argentina, el domingo 24 de marzo amanece con sol, el dolor intacto y una necesidad encendida de no olvidar. Una multitud llega a la Plaza de Mayo para recordar a los 30.000 desaparecidos por la dictadura militar. Y en medio de ese movimiento exaltado de columnas y banderas, aparecen también las mujeres de Fin de un Mundo, un colectivo de más de trescientos artistas independientes que desde 2012 intervienen el espacio público con puestas en escena inesperadas que se apartan de las acciones políticas más tradicionales. Sin afiliación a ningún partido optan por sumar en diversidad. Sus actuaciones callejeras, siempre con buenos guiones, chocan contra el orden de lo cotidiano para sacudir la indolencia y las ideas dormidas. La escritora argentina Liliana Bodoc (1958-2018), señalada como la reinventora del género fantástico desde el cono sur, pero también autora de Elisa, la rosa inesperada, su último libro que enfoca la trata de personas y la violencia de género en el norte argentino, fue en aquellos primeros momentos de gestación, musa del movimiento.

Fin de un Mundo ocupó el espacio público al cumplirse los quinientos años de la Conquista de América, lo hicieron también en el Bicentenario de la Independencia Argentina y especialmente en las fechas que se pronuncian por la igualdad de género. Para el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer irrumpieron en elegantes tiendas de Buenos Aires para representar “Perras”: mujeres con collares al cuello conducidas con correas como si fuesen animales domésticos. El 8 de marzo, un grupo de jóvenes –casi niñas– simularon estar embarazadas y actuaron en los subterráneos de la ciudad para manifestarse a favor de una Ley de aborto seguro, legal y gratuito. Y este 24 de marzo de 2019, se presenta así: con antifaces blancos, alaridos y negro de luto para bailar el drama de la dictadura. No son pocos los que sienten que se ha encendido una alarma. Buenos Aires parece haber cambiado en poco tiempo su fisonomía y sensibilidad.

Plaza de Mayo Dictadura Argentina

Fotografía por Querman Marchando / Flickr.

El 32% de la población es pobre; casi uno de cada dos niños vive en la miseria y nadie vislumbra una salida que no implique más carencia para los que menos tienen. En las calles cada vez hay más gente durmiendo a la intemperie, más familias revolviendo en la basura y más fuerzas de seguridad vigilando las esquinas. Una publicidad oficial empapela el centro porteño: “A la Ciudad la limpiamos entre todos”. El mensaje es bastante infeliz. Recordando las propagandas de los tiempos más violentos del país uno podría preguntarse qué cosas hay que limpiar, qué será basura en el imaginario oficial. Por estos días circuló de manera insistente en los medios una fotografía de la cumbre entre los presidentes de Estados Unidos y Brasil. Donald Trump y Jair Bolsonaro, juntos, enviando una señal inequívoca: la columna vertebral del continente vuelve a ser de derecha.

Frente a un país que parece mirarse bien en ese espejo, la respuesta son millares de manifestantes que salen de sus casas a marchar en el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia. La representación de Fin de un Mundo se repite una y otra vez como un loop, con apenas intervalos cortos de descanso mientras avanzan a lo largo de más de diez cuadras hacia la Plaza de Mayo. Un perímetro de cinta roja sostenido por amigos, familiares y manifestantes dibujan el escenario móvil a lo largo de toda una cuadra; a espaldas de los bailarines la columna cierra con un enorme camión que carga el equipo de sonido y una bandera de presentación en la que se lee: “Estalla la frontera entre arte y política”. La coreografía arranca con música de Charly García, Cerca de la Revolución  y se interrumpe con el Comunicado N° 1 de la Junta Militar anunciando el derrocamiento del gobierno democrático; sigue con Rubén Blades y Desapariciones: “¿A dónde van los desaparecidos? Busca en el agua y en los matorrales. ¿Y por qué es que se desaparecen? Porque no todos somos iguales ¿Y cuándo vuelve el desaparecido? Cada vez que los trae el pensamiento”.

Abuelas de la plaza de Mayo

Abuelas de la plaza de Mayo / Wikimedia Commons.

Después, como si tendieran un puente entre el 8 de marzo y este 24, el guion se aparta del terrorismo de estado para poner en escena otras formas de violencia: domésticas y más sutiles. Entonces suena un hit de los primeros ‘80, con Las Viudas e hijas de Roque Enroll cantando La familia argentina: “Mientras papá va a trabajar, canto y me pongo a rasquetear. Mis lindas manos ya no pueden más y no hay más crema. Pero igual hay algo primordial que es defender y amar nuestra familia argentina. Preservar la fe y la moral, rezar y promover parejas bien constituidas.” Llegando al sitio donde se ha montado el escenario central comienzan a escucharse los discursos en las voces de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Este año, la convocatoria sumó como consigna la unidad de los argentinos. Una aspiración remota en un país donde la grieta que divide a la sociedad se manifestará sin pudor en los periódicos del día siguiente cuando ni una sola imagen de la marcha aparezca en las portadas de La Nación y Clarín, dos de los más importantes diarios y afines al gobierno. Pero eso será mañana, cuando muchos se interroguen –una vez más– sobre el rol del periodismo. Ahora, mientras cae la noche en Buenos Aires, los artistas de Fin de un Mundo encienden antorchas y escupen fuego por la boca.

*Collage de José Manuel Vilches (@cotevil) con fotos de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, Elvira Recchia y José Luis Chaparro.


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