Postal de la semana: Un espacio público exitoso es más fuerte que la pandemia

Postal de la semana: Un espacio público exitoso es más fuerte que la pandemia

Fotografía de Mark Powell

La intención de la Plaza de la Revolución, como la de cualquier espacio público exitoso, fue convertirse en un lugar para escapar, protestar, contemplar e imaginar hacia adentro, mientras se mira hacia afuera. Esa función sigue intacta, aún en plena pandemia.

La Plaza de la Revolución es un espacio público al que suelo ir cuando salgo a tomar fotos. Con sus arcos y columnas gruesas, el monumento, sólido y pesado, ejerce su propio sentido de la gravedad, distinto al del resto de la ciudad. La amplia plaza se eleva gradualmente mientras uno se acerca a él, y al llegar a la cima ofrece un tremendo clímax visual. Las escaleras de basalto volcánico en todas sus caras, llevan a vistas únicas. Como en la mayoría de los espacios públicos en la Ciudad de México, hoy en día se siente la ausencia de los cientos de personas que solían congregarse aquí, y eso permite observar cosas distintas a los hábitos y rutinas de ese otro tiempo. Desde ese lugar es fácil imaginar historias alrededor de cada persona que se alcanza a ver. Por estos días, se ha vuelto más fácil acercarse a alguien para platicar, algo parecido a lo que sucede en cualquier pueblo pequeño y adormilado.

En un espacio que solía ser tan público, ha surgido un nuevo sentido de intimidad e introspección, y por otro lado, la gente que llega hasta aquí está completamente expuesta, como en un escenario.  Esta semana conocí a un beatboxer que interpreta canciones de Tupac solamente con los sonidos que ha aprendido a hacer con la boca y la lengua. Viene aquí para pedir donaciones a cambio de su música. La plaza vacía amplificaba su performance: él como intérprete y yo como su única audiencia. Las pulsaciones de su ritmo se elevaban entre los arcos encontrando eco bajo la cúpula alta y oscura del monumento.

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