Vacuna contra la Covid-19. El reto de los científicos mexicanos

La vacuna de oro. El reto de los científicos mexicanos

La pandemia tiene a los científicos de todo el mundo en una carrera urgente por la vacuna contra la Covid-19. Pero a diferencia de países como Estados Unidos o China, los mexicanos parten de muy atrás, en un país que perdió la autosuficiencia de producción de las vacunas de su cartilla nacional. Hoy cuatro proyectos, en la precariedad y el abandono por parte del Estado, se encuentran en iniciales fases de desarrollo y prueba.

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El Dr. Juan Joel Mosqueda, un veterinario de la Universidad Autónoma de Querétaro, es quizá un candidato improbable para librar al país del nuevo coronavirus. Él es responsable del Laboratorio de Inmunología y Vacunas de la UAQ, donde se especializó en enfermedades provocadas por garrapatas. Comenzó a trabajar en un proyecto de vacuna contra la Covid-19 a principios de marzo, tras un llamado desesperado de la universidad por contribuir al control de la pandemia. Y desde entonces lo persiguen las preguntas: ¿En qué consiste su vacuna?, ¿en qué fase se encuentra?, ¿es peligroso?, ¿cuándo comienza los ensayos en humanos? El interrogatorio no es para menos. México ha sido de los países más afectados, con una de las tazas de mortalidad más altas, y la urgencia acecha.

—Sería muy grave si no hiciera nada —me dice en una entrevista telefónica—. Si tengo la tecnología y sé usarla, ¿por qué no lo hago?

La pandemia está llevando a científicos de todo el mundo a una carrera urgente por encontrar una solución que nos inmunice contra la Covid-19. Pero a diferencia de sus colegas en Estados Unidos, China y Europa, los investigadores mexicanos parten de muy atrás: México perdió la autosuficiencia en producción de las vacunas de su cartilla nacional y se compran en el extranjero. ¿Qué implica eso? Que aquí no hay con qué desarrollar armas inmunológicas.

Pero en México existen al menos cuatro proyectos de vacuna contra la Covid-19, cada uno con el potencial de llegar a los mexicanos si superan las fases de desarrollo y prueba. Hablo de la vacuna basada en péptidos del Dr. Mosqueda de la UAQ; la vacuna recombinante del Instituto de Biotecnología de la UNAM-IBT; la vacuna de vector recombinante de la enfermedad de Newcastle de Avimex (en colaboración con el IMSS); la vacuna de ADN del Instituto Gould Stehano que conforma el Tec de Monterrey y la Universidad Autónoma de Baja California.

La mesa está puesta: científicos, tecnología, interés y hasta una cierta dosis de locura —estos tiempos la demandan—. Se trata de la cruzada biotecnológica más importante de nuestros tiempos. Pero el obstáculo más grande no es el virus en sí, si no conseguir los fondos para que los investigadores hagan su trabajo. El entorno en el que se mueve la biociencia ya era una especie de “caldo de cultivo” para el rezago: bajo interés general, pocas plazas de investigación, y ausencia de alianzas con el sector privado. El abandono de la ciencia, por parte del estado, ya existía: antes ya nos habíamos infectado de recortes.

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