Hija del algodón: Cristina Rivera Garza - Gatopardo

Hija del algodón: Cristina Rivera Garza

Aunque lleva 30 años fuera de México, Cristina Rivera Garza nunca lo ha abandonado. Siempre vuelve a él en la obra literaria que ha construido. Su historia familiar es una de migración y fronteras, que se remonta a la antigua región algodonera en el norte de México y que ahora ella explora en su más reciente novela, Autobiografía del algodón. En octubre pasado, recibió la MacArthur Fellowship 2020, una suerte de bautizo en el mundo literario anglosajón.

 

 

La oscuridad arropa aún las paredes y puertas cegadoramente blancas de la casa en La Jolla, en el sur de California. Es 6 de enero de 2021 y faltan unas horas para el asalto al Capitolio. Cristina Rivera Garza sigue atentamente la transmisión en vivo del momento en que Raphael Warnock gana en Georgia. Acaba de convertirse en el primer senador negro de ese estado ubicado en la otra esquina de Estados Unidos. Ha vencido con un margen mínimo: 50.9% de los votos frente al 49.1% de su contrincante, la republicana Kelly Loeffler. Es casi un milagro.

La escritora mexicana, que hace 30 años migró a este país, escucha la voz de Warnock en televisión nacional: suena a la de un pastor que predica a su rebaño. El hombre narra que, en los años cincuenta, las manos de Verlene Warnock, su madre, pasaron los veranos recolectando algodón de otros (“picking someone else’s cotton”) y ahora, en las urnas, a los 82 años, las mismas manos lo han escogido (“picked”) a él, el menor de 12 hijos, para ocupar un espacio en el Capitolio, en Washington, D.C.

—Anoche me llamó mucho la atención cómo estamos en 2021. Un político negro por primera vez va al Senado desde el estado de Georgia y lo primero que dice se relaciona al algodón —dice Rivera Garza al mediodía.

Tal vez solo si uno ha leído el último libro de Rivera Garza, Autobiografía del algodón (Literatura Random House, 2020), en el que recupera la historia de migración de su familia alrededor de la antigua región algodonera en la frontera norte de México —una zona que vivió una efímera abundancia entre los años treinta y cuarenta—, podrá entender que la escritora acababa de experimentar una pequeña epifanía por tres motivos.

El primero: el lenguaje. La vida le ha regalado una oración donde pick, en inglés, se usa a la vez para piscar algodón y para escoger a un candidato negro, y esto le emociona. Quizá es porque suele observar el trasfondo poético, secreto, en que los vocablos se trasminan hacia la experiencia personal.

—Las palabras son siempre precisas, solamente hay que encontrarlas.

En su libro, por ejemplo, Rivera Garza se detiene en la prosa para subrayar que “desconsoladamente es un adverbio muy largo”, que “transitar es un verbo que requiere a otros”, que “inexpugnable es una palabra disfrazada de muro”, que “zambullirse es un verbo con mucho ruido”. Reflexionar sobre la sonoridad o iconicidad de las palabras es un rasgo de su escritura.

El segundo motivo: la historia. Para ella, socióloga por la UNAM y doctora en Historia por la Universidad de Houston, el sentido de los acontecimientos emerge al conectar el pasado y el presente de los territorios, sobre todo, observando ciertos detalles. Georgia tiene como capital a Atlanta, donde se proyectó por primera vez Lo que el viento se llevó en 1939. En la película ambientada en la Guerra Civil, la servidumbre negra piscadora de algodón, esclava o no, permanece siempre fiel a la familia blanca en la idílica plantación de Tara. La candidez del esclavo neutraliza su posible subversión. Cada 15 de diciembre, Atlanta, la capital de Georgia, conmemora con un día festivo la fecha del estreno de Lo que el viento se llevó, largometraje que HBO Max retiró recientemente de su programación por considerarlo racista.

—Lo que quiero contarte es que me pareció muy interesante oír eso anoche, porque el algodón continúa siendo este sustrato tan fuerte, tan dramático, en Estados Unidos, totalmente ligado a la esclavitud. Y en cambio, en México, en la zona norte del país, está ligado a formas de producción que sí permitieron cierta autonomía, aunque después destruyeron la ecología del lugar.

En un paralelismo con Autobiografía del algodón, en el que ella misma reflexiona sobre el presente desde el pasado, la autora mira una fotografía donde su padre, Antonio Rivera, muy joven, está listo para ir a caballo a los campos de algodón de Tamaulipas. La atmósfera bucólica de la imagen sacada del álbum familiar contrasta, a ojos de la autora, con la violencia que los fotoperiodistas han registrado en los últimos años en esas mismas tierras fronterizas.

Acerca de Tamaulipas, Rivera Garza escribe que el Estado mexicano —y no el narcotráfico— ha desatado una lucha sanguinaria contra la ciudadanía con el pretexto de la ilegalidad de ciertas plantas y productos en el marco de “la mal llamada ‘guerra contra el narco’”. Enfatiza varias veces la coletilla “mal llamada”. “¿Cuál es la otra cara de la crueldad?”, se pregunta la autora antes de ir a las páginas de los diccionarios para encontrar los siguientes antónimos: “delicadeza, suavidad, paciencia, humanidad, bondad, compasión, piedad”. Estos sustantivos exponen entre líneas también la dimensión política del “necropoder” —el poder sobre la muerte— ejercido desde el Estado sobre el territorio de Tamaulipas. Rivera Garza escribe entonces una de las sentencias más agudas de su libro, que es a la vez ensayo y novela: “Sobre los mismos caminos donde hoy se ensañan la violencia y el exterminio, por ahí pasó, centelleante y atroz, el algodón”.

El tercer motivo para esta revelación es quizá el más poderoso: la resistencia. Warnock —y ella— provienen de familias que nunca tuvieron ningún poder político, económico ni intelectual. En el caso de Rivera Garza: bisabuelos en pobreza extrema, abuelos humildes que se hicieron de unas tierras, padres que ascendieron de clase y cambiaron el campo por la universidad.

El reverendo Warnock y ella son hijos del algodón.

Cristina Rivera Garza La hija del algodón

Fotografía de Pía Riverola

CONTINUAR LEYENDO
COMPARTE

Recomendaciones Gatopardo

Más historias que podrían interesarte.