La virtud de ser invisible
La camarista, la ópera prima de Lila Avilés, es un homenaje a las clases trabajadoras.
julio 26, 2019

Lila Avilés está convencida de que la fortaleza de un país radica en la gente trabajadora, que lucha todos los días y tiene la necesidad de ganarse la vida con horas y horas de trabajo. Siempre le ha conmovido saber que existe un ejército de personas que hacen que funcione un país. Precisamente por eso tuvo claro que para su debut en el cine tendría que hacer un homenaje a estos personajes y lo aterrizó en un lujoso hotel de la Ciudad de México.

Este 2 de agosto se estrena La camarista, película a la que tardó más de siete años en darle forma. “Elegí hablar de una camarista porque son personajes que tienen la virtud de ser invisibles en un mundo que reclama toda la atención. Su labor es pasar desapercibidas, pero al mismo tiempo involucrarse en las cosas más personales de los huéspedes para ofrecer el mejor servicio. Quise hablar en esencia de una camarista a partir de ciertas metáforas, como su relación con el tiempo y el espacio”, señala la joven cineasta en entrevista.

Esta película se gestó de una manera muy natural. Un día se encontró con el libro El hotel, de la artista plástica francesa Sophie Calle, quien se dedicó a fotografiar los objetos de un hotel en Venecia. Ahí fue gestándose la idea de su ópera prima. Inició como un ejercicio que se desarrolló en un taller, después se convirtió en una obra de teatro y siete años más tarde en una película que pudo realizar invirtiendo todos sus ahorros y con el apoyo de personas que creyeron en el proyecto.

la camarista

“Son personajes que tienen la virtud de ser invisibles en un mundo que reclama toda la atención”, dice Lila Avilés.

“El camino de las personas creativas es siempre la búsqueda de algo, encontrar la reconstrucción hacia adentro a partir de lo que vemos en el exterior. Me siento una cineasta afortunada porque me di tiempo para saber de qué quería hablar, un tema que siempre me ha dado vueltas en la cabeza. Ahora que he tenido la oportunidad de viajar para presentarla, entiendo mucho mejor su sentido, las dualidades y complejidades de mi país. Ése siempre fue el motor de La camarista”.

La búsqueda de Avilés como cineasta es observar a profundidad. Quería que su película fuera sutil, que el espectador descubriera la trama mientras iba conociendo el entorno, mostrar el arte de tender la cama y el arte de limpiar. “Que el espacio como tal tuviera su propia voz, que provocara sensaciones muy particulares en espacio-tiempo, que el espectador acompañara a la camarista como una mirada voyerista cercana”, dice Avilés.

Para lograrlo, eligió a la actriz Gabriela Cartol para interpretar a Eve, una camarista joven, introvertida, rayando en lo antisocial, a quien siguió con la cámara en las 120 secuencias de la cinta. Así
fue construyendo a una mujer solitaria que trabaja en un lujoso hotel, inmersa entre artículos de limpieza, sábanas y amenidades. Sólo de ser necesario, interactúa con sus compañeros de trabajo o con los huéspedes. De hecho, parece tener muy pocas motivaciones salvo trabajar para mantener a su hijo, y ser la mejor camarista para obtener el codiciado ascenso de limpiar el lujoso piso 42.   

La camarista es un homenaje al trabajo, al oficio, a la mujer y, a partir de ello, entender cómo eres como ser humano. Cómo son esos personajes que encontramos todos los días; pienso en el zapatero o en el señor que hace los jugos, atrás de ellos siempre hay una historia profunda y necesaria que contar”, concluye la cineasta sobre este homenaje.


 

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