El estudio de Thomas Glassford
Una visita al estudio del artista en la ciudad de México.
noviembre 11, 2019
PRESENTADO POR

 

Audemars Piguet y Club Travesías han creado una serie de experiencias para los apasionados del arte; una oportunidad para visitar a artistas destacados en sus estudios como una manera de aprender y entender las similitudes entre la alta relojería y la creación artística. En esta ocasión, y de la mano de la curadora Itzel Vargas Plata, Thomas Glassford nos abrió las puertas de su estudio en la Ciudad de México.

Thomas Glassford (Laredo, 1963) estudió arte en la Universidad de Texas, en Austin, y desde 1990 vive en la Ciudad de México. A su llegada coincidió con otros artistas provenientes de distintas geografías, como Michael Tracy, Melanie Smith, Francis Alÿs y Silvia Gruner, con quienes encontró en el Centro Histórico un lugar de vivienda, trabajo, exhibición y convivencia.

Su mirada antropológica le permitió encontrar en el área circundante del Zócalo capitalino un banco de información y un muestrario sociológico, así como un extenso y particular repertorio de artículos cotidianos con todo tipo de orígenes y usos. De la deglución y reflexión de ese caos se nutrió su instinto por buscar todas las capas de información posibles en un objeto de estudio determinado, generalmente relacionado con la naturaleza, la ciencia, los intercambios y el funcionamiento de la urbe y el cuerpo.

Thomas Glassford constantemente indaga sobre las posibilidades de composición y estructura. Su capacidad para traspasar los límites de los materiales le permite transitar entre formatos, desde unos cuantos centímetros hasta obras monumentales, como el proyecto Xipe Tótec, realizado en el edificio del ccu Tlatelolco en 2010, una obra que podría considerarse una de las más contundentes de arte público que se hayan hecho en nuestro país.

En su obra, las referencias a las prácticas sociales y culturales conllevan una comprensión del objeto más allá de su función y cualidades visuales, como en el caso de los palos de escoba recuperados en Estela (2004). Thomas Glassford va más allá de lo aparente para explorar la semiología de los objetos, los interviene de manera sutil o elaborada y los devuelve al mundo como inflexiones estéticas, rotundas y sensibles.

En su primera serie de guajes evidenció su atracción por el tránsito o estancamiento de fluidos, lo antropomorfo y la capacidad de construir modelos de representación que confrontan la realidad de manera inesperada. La idea de canales, el cauce y el flujo aparecen constantemente en su trabajo, ya sea mediante la construcción de sistemas complejos de circulación, como en Fuente (templo de San Agustín, 2002), o en la simpleza del cuerpo de la jícara o el guaje.

En ocasiones recurre a materiales industriales ordinarios y de fabricación en serie, y con ellos articula referencias a la arbitrariedad implícita en la noción de buen gusto, como en su serie Partituras, realizada con aluminio adonizado. En ella logra una composición rítmica de color y brillo, al reinventar el carácter estético del referente. En las esculturas Áster emplea luces fluorescentes para reflexionar sobre lo concéntrico, los hoyos negros, las estrellas o el género que, bajo el mismo nombre, incluye alrededor de 600 especies de plantas florales.

El trabajo de Thomas Glassford también es una constelación de reflexiones y conocimientos relacionados con la botánica, astronomía, biología, sociología, literatura y el urbanismo. Desde esa complejidad construye el vínculo con su obra, en la que fluyen las sensaciones en distintos niveles y direcciones. Su intervención arquitectónica Cadáver exquisito (muca Campus, 2006) la describió como “un camino entre nubes o un viaje dentro de la panza de una ballena”.

Esta experiencia, de la mano de Club Travesías, reafirma la larga relación con el arte que Audemars Piguet ha mantenido en todo el mundo, apoyando importantes eventos junto con Art Basel, feria de la que es colaborador asociado desde 2013.

Gatopardo Recomienda

Ver Más