Ella también es la policía: Violencia de género en México

Ella también es la policía

Una unidad de la policía municipal en Chihuahua logra resolver en dos meses un caso de violencia de género. El cambio hacia un país más justo y con mejores policías requiere de ejemplos que guíen la transformación.

Tiempo de lectura: 5 minutos

Debe haber pocos trabajos más importantes que el suyo en el país. Nidia es policía municipal en Chihuahua y jefa de la Unidad Especializada en Delitos por Razones de Género, que existe hace once meses. Con 15 años de servicio, es además licenciada en psicología; empezó sus estudios universitarios al año de ingresar a la Dirección de Seguridad Pública de la capital de su estado. Hoy, en coordinación con la fiscalía estatal, investiga casos de feminicidio, de personas ausentes o no localizadas y delitos sexuales.

La jefa Nidia sabe perfectamente cuál es su papel como policía de investigación. Yo, como analista de políticas de seguridad, construí mi propia noción de la importancia de su trabajo lejos de la operación, a través de estudios sobre la impunidad y la lectura de leyes y códigos. Fue después de varios años de mantener contacto directo con las personas que operan el sistema de justicia que un hecho poco conocido se me volvió evidente: son muy pocas las  policías (estatales o municipales) con unidades dedicadas a investigar delitos, ya no digamos los de género. Me aventuro a decir que se pueden contar con los dedos de una mano.

En México nueve de cada 10 homicidios no se resuelven. Aun así, los titulares de las fiscalías generales de los estados –con contadas excepciones– consideran que la investigación criminal es tarea reservada para las policías que están subordinadas al Ministerio Público (MP) −conocidas durante muchos años como policías ministeriales−, y solo por excepción les toca a las estatales y municipales. Aunque esa limitación debió quedar en el pasado con la reforma penal de 2008, doce años después solo en un puñado de ciudades, como Chihuahua, se van creando condiciones para que policías como Nidia hagan el trabajo que les corresponde. Para quienes se resisten, todas las policías locales son poco más que vigilantes de semáforos o de tiendas de conveniencia.

Esta limitante tiene implicaciones serias. En términos prácticos, ¿cuál es la diferencia entre la policía de una y otra institución?, es decir, entre la que tienen bajo su mando las fiscalías y las de seguridad pública. Las primeras –a diferencia de las estatales o las municipales– no cuentan con personal dedicado a recorrer todos los días las calles para conocer los problemas de seguridad y convivencia a ras de suelo. Tampoco atienden las llamadas de emergencia de víctimas o testigos. Muy rara vez son las primeras en llegar a donde acaba de ocurrir un delito. Todas estas acciones (identificadas por muchos como “preventivas”) son parte del trabajo de las policías municipales y estatales, y generan información que, ordenada y sistematizada, se traduce en respuestas a preguntas como ¿qué delitos ocurren con mayor frecuencia y en qué calles se concentran?, ¿qué tienen en común las víctimas?, ¿cómo son los victimarios?, ¿cómo operan?

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