Ni los muertos descansan en Cuba - Abraham Jiménez Enoa - Gatopardo

Ni los muertos descansan en Cuba

El colapso del sistema funerario del país durante la pandemia, sumado al mal funcionamiento del protocolo sanitario que no permite que los ataúdes sean abiertos por los familiares para reconocer los cuerpos, ha provocado muchas confusiones.

Tiempo de lectura: 7 minutos

Si existe un lugar en Cuba donde no hay un retrato o una frase de Fidel Castro, Raúl Castro o Miguel Díaz-Canel, deben ser funerarias. Al castrismo le importan los significados, la simbología, la semiótica y debe preocuparle que la gente asocie ese lugar tan inevitablemente triste con los “líderes supremos”. O al menos, eso creía. Estaba equivocado. Es increíble, pero ahí también están. Orondos. Mirándonos a todos desde la pared. Contemplando hasta los últimos instantes de vida de los cubanos, incluso, cuando ya no respiran.

Hacía tiempo que no iba a una funeraria. La última vez fue en 2015, cuando murió el primero de mis abuelos. Ese día me dije que nunca más iría a un velorio. Aunque respeto a quienes siguen esa tradición de pasar toda una noche o una madrugada llorando a una persona, no le veo mucho el sentido a machacarse el cuerpo de esa forma. Volví recientemente porque un amigo me pidió que lo acompañara. Es hijo único, su madre —quien acababa de fallecer— también lo era, nunca conoció a su padre y sus abuelos están ya muertos. Mi amigo y su madre sólo se tenían uno al otro. Por eso me pidió acompañarlo.

La madre de mi amigo llevaba días internada con covid-19. No pudo superar los embates del virus, pues era paciente de cáncer. El día que falleció, llamaron a mi amigo desde el hospital para comunicarle la noticia. Él llevaba días sin verla porque el protocolo sanitario no lo permite, tampoco pudo hablar con ella en sus últimos días porque ni siquiera tenía fuerza para ello. Lo que hacía era llamar por video a una de las enfermeras que la atendía para que le pusiera la imagen de su madre postrada en una cama rodeada de cables y artefactos que intentaban alargarle la vida. Eran cerca de las siete de la tarde cuando se enteró de la muerte de su madre. Antes de colgar, le dijeron que tenía que ir a esperar el cuerpo a la funeraria y que la enterrarían al otro día en el cementerio.

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