ernesto cardenal

Ernesto Cardenal, la historia de un sacerdote que fue también poeta y revolucionario

El nicaragüense dejó con su quehacer la sensación de que las matemáticas no son tan distintas a la poesía; que el capitalismo no siempre difiere de las leyes del mundo animal; y que la esperanza que sostiene a la religión es la misma que provoca revoluciones.

Nació un 20 de enero de 1926, en Granada, Nicaragua. Lo nombraron Ernesto y su apellido, Cardenal, coincidiría con la visión evangelista con la que guió su existencia. Decisión o destino, fue el evangelio el que lo llevó a revelarse contra los incapaces de hallar amor en el prójimo. Bajo ese lema luchó por la liberación de su país entre 1979 y 1990, fundó la casi utópica comunidad Solentiname, e hizo de la poesía un grito de protesta.

“La verdadera revolución es el evangelio en práctica, dar de comer al hambriento, dar casa, dar salud, dar todo al que nada tiene, no dando limosna, no dando asistencia personal, sino nacionalmente, ofreciendo salud, dando alimentación, dando cultura a todos”, dijo en 2010 en para un reportaje su vida en el programa de televisión “Esta semana”.

Fue sacerdote. Uno que pedía a Dios ayuda para derrocar al dictador de su país, Anastasio Somoza. “Que salga el capitalismo y el consumismo del cuerpo de este niño y entre en cambio la doctrina marxista”, pedía. Ernesto Cardenal fue también revolucionario. Uno que ayudándose de la utopía diseñó talleres de pintura y poesía para campesinos cuando se convirtió en Ministro de Cultura luego de ganar junto al Frente Sandinista la revolución de 1979. El nicaragüense fue también poeta. Uno que escribía versos como si armara rompecabezas, organizando papelitos sobre el piso de su casa de Solentiname en busca la fórmula correcta para un cúmulo de ideas.

solentiname movimiento artístico nicaragua, int2

En 2011, el arquitecto Marcos Agudelo restauró la capilla de Solentiname. Una abstracción de la construcción forma parte de la muestra en el Museo Jumex.

Ernesto Cardenal dejó con su quehacer la sensación de que el mundo es ancho y la vida flexible, de que se puede estar angustiado tanto por el porvenir de una nación como por el origen del Big Bang; que la ciencia y las matemáticas no son tan distintas a la poesía de los paisajes; que el capitalismo no siempre difiere de las leyes del mundo animal; y que la esperanza que sostiene a la religión es la misma que provoca revoluciones.

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