Los demonios andan sueltos: carta desde Nicaragua.

Los demonios andan sueltos

Carta desde Nicaragua.

Lo que empezó como una protesta civil en Nicaragua se convirtió en una masacre. Entre abril y finales de julio, hubo más de 300 muertos y casi 2 000 heridos, junto con decenas de desaparecidos. Detrás de esta ola de violencia se encuentran Daniel Ortega y su familia, quienes se niegan a dejar el poder. El que hasta ahora se preciaba de ser el país más seguro de Centroamérica —pero el segundo más pobre de América Latina— se enfrenta a un futuro incierto. Así han sido las semanas más sangrientas en la historia reciente de varias ciudades del país, que recuerdan la cruenta dictadura de Somoza.

—¿No te da miedo? —le pregunto a Colocho, un estudiante de Medicina.

Colocho no se llama Colocho, pero así llaman aquí a los que tienen el pelo rizado, y ahora, entre ellos, todo son nombres en clave. 

Hemos pasado dos barricadas y una inspección del vehículo de unos encapuchados, antes de poder entrar a la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN). Allí están atrincherados desde finales de abril decenas de compañeros, junto a Colocho. Le pregunto si no le da miedo porque por las tardes suelen recibir ataques de grupos armados que disparan desde camionetas y motos para intimidarlos.

—Claro que sí, brother. Tengo miedo a que me maten. Pero no a morir. 

Tartamudea un poco al hablar pero tiene un truco para que no se note: expulsa las palabras juntas, fluidas en frases cortas mientras inspira y exhala. 

—Si me matan, siento que me va a doler. Le tengo miedo al dolor. Pero no a morir, porque moriré por una buena causa. 

—¿Qué causa?

—La de un país libre. 

En esta facultad pública, que era un bastión del Frente Sandinista, di clases durante algunos años y nunca había oído hablar a los estudiantes así. Los compañeros de Colocho hacen un círculo mientras les pregunto y ellos contestan, levantando a ratos los ojos del celular. Y anoto palabras: “dignidad, patria, justicia, democracia”. Algunos las dicen incluso sin dejar de pulsar el teclado del celular. Esas palabras. De dónde les salen. Cómo se expresan de ese modo tan ingenuo y casi heroico. Y por qué me sorprende.

Nicaragua parecía adormecida. Las manifestaciones opositoras al gobierno no llegaban a ser multitudinarias. Daniel Ortega y su vicepresidenta y esposa, Rosario Murillo, habían logrado una aparente “paz social” mediante pactos, nunca claros, con el sector privado y las iglesias cristianas. Desde 2007, tras la vuelta al poder de Ortega, el Frente ha venido recibiendo el apoyo de Venezuela, cuya cooperación económica ha influido en la capacidad de movilización social del gobierno.

Nicaragua, int1

Un manifestante con la bandera nacional se enfrenta a la policía antidisturbios durante la jornada de represión del 18 de abril, primer día de protestas en contra de las reformas del INSS.

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