Del sueño a la acción

El movimiento Dreamer ha sido una plataforma para los indocumentados estadounidenses que llegaron antes de la mayoría de edad, en donde no sólo se pelea por una visa, sino por el respeto a la pluralidad cultural, racial y religiosa.

No hay movimiento activista que tenga más claridad política que el Dreamer. La generación de inmigrantes indocumentados que llegó a Estados Unidos siendo menor de edad tiene como principal activo su pluralidad, y ha construido identidades alternas: los chicos LGBT incluyeron la diversidad sexual y de género y crearon el movimiento Undocuqueer. Los jóvenes de raza negra acuñaron el Undocublack. Los feministas y de minorías religiosas construyeron alianzas y ampliaron su capacidad de lobby. No se asumen como minoría, sino como ciudadanos activos. Aquí el movimiento Dreamer diez años después.

Dreamer diez años después, foto 1

Foto: Mark Abramson.

Era apenas el tercer día de 2018 y en una esquina del barrio angelino de Westwood, frente a las oficinas de la senadora Dianne Feinstein, quince personas furiosas iniciaban el año agitando carteles y gritando consignas a favor del presidente Trump y en contra de los inmigrantes indocumentados. Agentes de la policía contenían el grupo en un perímetro marcado por una cinta amarilla.

La escena fue una sorpresa para quienes esperaban encontrar a los activistas que habían convocado a un evento en esa ubicación para exigir la aprobación de la ley Dream Act. El evento se había desplazado a otro punto sobre la misma avenida: los organizadores decidieron evitar la confrontación y enviar su mensaje sin distracciones del pequeño grupo opositor. La estrategia funcionó. Reporteros, camarógrafos y jóvenes que llegaron para hacer Facebook Live desde sus teléfonos escucharon a un grupo diverso y peculiar hablar sobre la necesidad de regularizar el estatus migratorio de los jóvenes indocumentados. La actriz Alyssa Milano y el actor Bradley Whitford fueron la representación del Hollywood más progresista. La dirigente de la comunidad musulmana y codirectora de Women’s March, Linda Sarsour, le recordaba a los legisladores que su salario lo pagan quienes viven en Estados Unidos, para subrayar que su obligación es escucharlos. Junto con ella, había líderes laborales, representantes del movimiento #MeToo, jóvenes activistas y abogados voluntarios. Una convocatoria amplia y diversa: ese es el rostro del movimiento Dreamer a un año de iniciada la era Trump.

Dreamer diez años después, foto 2

Foto: Mark Abramson.

Aunque la iniciativa conocida como Dream Act (por sus siglas: Development, Relief and Education for Alien Minors) se presentó ante el Congreso de Estados Unidos hace 16 años, fue en 2008 cuando las organizaciones de estudiantes indocumentados, creadas al interior de las universidades, se expandieron a nivel nacional. A través de las redes sociales, los jóvenes empezaron a generar estrategias de cabildeo legislativo y de presencia mediática y a planear acciones de desobediencia civil reuniendo en un punto del país, y sin conocerse, a gente de distintos estados. Construyeron una estructura que empezó a tomar forma durante la campaña presidencial de Barack Obama —en la que muchos de ellos, a pesar de no poder votar, se sumaron a los llamados “ejércitos de Obama”— en 2010. En ese año, el Dream Act quedó a cinco votos de ser aprobado en el Senado y no llegó a convertirse en ley. En consecuencia, estos chicos decidieron tomar el asunto en sus manos.

Si durante la campaña presidencial de 2008 los jóvenes activistas llamaban a la puerta de posibles votantes para hablar sobre su candidato, para la elección de 2012 ya ocupaban un lugar en el escenario durante los eventos políticos para compartir sus historias. En 2016, muchos de ellos se sumaron nuevamente a los equipos de campaña, ahora contratados como estrategas y enlaces con la comunidad. Y en 2017, se convirtieron en el único grupo organizado capaz de frenar la maquinaria política nacional —incluida la aprobación del presupuesto— de la controversial administración del presidente Donald Trump. La agenda de los dreamers se convirtió en el gran tema que, a falta de acuerdos, provocó el cierre del gobierno de Estados Unidos.

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