El extraño fenómeno del suicidio en Uruguay - Gatopardo

El extraño fenómeno del suicidio en Uruguay

Uruguay encabeza todos los índices de calidad de vida. Persigue el ideal de una sociedad igualitaria, tiene un alto ingreso per cápita y sus niveles de pobreza son tan bajos que suelen llamarle “la Suiza de América”. Sin embargo, también lidera la tasa de suicidios de la región. Algo sucede dentro de estas fronteras que lo distingue de otros países y cuya consecuencia es que un número alarmante de habitantes quiera dejar de existir.

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1. En junio de 2005 me mudé de Buenos Aires a Montevideo. Unos días más tarde, fui a un recital de Eduardo Darnauchans, “el Darno”, como le dicen los uruguayos con cariño. Me habían advertido: “Este tipo es una leyenda y no se sabe cuánto le queda”. Había poca gente para una sala tan grande. Justo antes del final cantó “Cápsulas”, una de las pocas canciones que le conocía:

El pobre Juan de Dios, tras de los éxtasis
del amor de Aniceta, fue infeliz.
Pasó tres meses de amarguras graves,
y, tras lento sufrir,
se curó con copaiba y con las cápsulas
de Sándalo Midy.

[…]

Luego, desencantado de la vida,
filósofo sutil,
a Leopardi leyó y a Schopenhauer
y en un rato de spleen
se curó para siempre con las cápsulas
de plomo de un fusil.

Cuando terminó el recital salimos a 18 de Julio, la avenida principal. Era una noche fría de lunes o martes. Llovía —o, al menos, así lo recuerdo— y me quedé fumando bajo un techito. Había una oferta de camisas para la oficina en una vidriera. “¡Bienvenido, Bob!”, me dije, citando uno de mis cuentos favoritos de Onetti, y me reí apenas de mi propio chiste. 

2. En enero de 2020, la BBC publicó una nota titulada “Los países de América Latina en los que la gente tiene más posibilidades de prosperar”. Uruguay ocupaba el puesto número uno. En este mismo año, según los cálculos de la base de datos Numbeo, que se basan en cifras de la OCDE y el FMI, Uruguay fue el país con mejor calidad de vida de Latino­américa. Las variables que se tomaron en cuenta para este cálculo fueron el poder adquisitivo, la seguridad y la salud. Según el Índice Global de Derechos de la Con­federación Sindical Internacional de 2021, es el único país no europeo que integra la lista de los diez países en los que menos se vulneran los derechos de los trabajadores. 

Algo no tan sabido es que Uruguay también lidera las listas de suicidios por habitante en Latinoamérica. Según los datos del Ministerio de Salud Pública, en 2020 hubo un total de 718 suicidios, lo que equivale a una tasa de 20.3 por cada cien mil habitantes, un número llamativamente alto si se tiene en cuenta que la media americana es de diez y la europea, de 15.4. Y no se trata de un hecho aislado. Desde 2000 hasta la fecha, la tasa uruguaya siempre se ha mantenido por encima de quince.

“Las causas del suicidio siempre son particulares, pero al final del año se cumple una cuota fijada por la sociedad”, dice Juan Villoro, interpretando a Durkheim, en una nota sobre el suicidio del arquero alemán Robert Enke en 2009. Dice el propio Durkheim en su obra El suicidio: “Entre los pueblos germánicos, el alemán es el que está más inclinado al suicidio”. Lo mismo se podría afirmar sobre Uruguay en el marco latinoamericano. Los números históricos son espantosamente consistentes. Hay algo que sucede o que no sucede dentro de estas fronteras, algo que lo distingue de otros países y cuya consecuencia es que una mayor proporción de personas quiera dejar de existir. Sin dudas hay algo, pero, ¿qué?

3. Ahora es principios de diciembre de 2021 y estoy mirando un video de “Cápsulas” en YouTube. Es una canción tristísima y hermosa, y en esa dualidad radica su poder. El video va mostrando, en el orden en que se los nombra, mujeres atractivas, cápsulas, filósofos sutiles, municiones, hombres derrotados. Un usuario comenta: “Lástima, el que hizo el video no tenía idea de balas; muestra munición militar, que no es de plomo”. Un usuario llamado R Saved comenta: “Hermosa canción, me encanta la voz de Darnauchans, pero es triste la depresión, tanta gente que la sufre, tuve una amiga que lo vivió, terminó por quitarse la vida. No los dejen solos”. Otro dice: “Es un poema de José Asunción Silva, poeta que se suicidó”. Y así es. La letra, que siempre había tomado como un manifiesto del desaliento uruguayo, corresponde a este poeta modernista colombiano que nació en 1865 y a los treinta años se disparó un tiro en el corazón. Y ahora que se rompió la coherencia de mi cuentito inicial, también debería confesar que ese spleen de invierno y de camisas de oferta, en parte, ya me lo traía guardado desde el otro lado del río.

Les pregunto a algunos amigos uruguayos si conocen el origen de la canción y sólo algunos pocos sabían que venía de afuera. Hasta un poeta que se viste de gabardina y a veces la canta en los asados pensaba que era patrimonio nacional. Cuando le digo que estoy escribiendo sobre el suicidio en Uruguay, mi amigo poeta me cuenta de algunos casos que lo tocaron de cerca y me habla de otra canción del Darno, “más fuerte”, dice, “sobre el suicidio”: “Ni siquiera las flores”. Me manda un mensaje de audio con el recitado inicial:

No maldigas del alma que se ausenta
dejando la memoria del suicida,
quién sabe qué oleajes, qué tormentas
lo alejaron de las playas de la vida.

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