El grito de la selva. La Amazonía vive bajo acecho - Gatopardo

El grito de la selva. La Amazonía vive bajo acecho

Desde el año 2000 y hasta la fecha se ha quemado en la Amazonía la superficie equivalente a España y Portugal juntos. Las comunidades indígenas viven acorraladas por los impulsos del gobierno de Brasil para habilitar la explotación minera y crear más hidroeléctricas, lo que destruiría los recursos naturales de esta región que posee el 15% del agua dulce de todo el planeta. Ésta es una mirada a un territorio amenazado desde su descubrimiento.

 

Cubierta con un plástico transparente de pies a cabeza, barbijo azul y botas de goma, una mujer de mediana estatura toma de las manos a un hombre y a otra mujer. Tiene la cabeza inclinada hacia adelante. Reza una oración con voz trémula, alza súbitamente el rostro al techo y dice:

—En nombre de la Paz, Señor, traiga salud a nuestro pueblo, Señor.

La voz de la mujer se quiebra. Le pide a Dios que ayude, que baje a la tierra, que haga algo. A su alrededor, varios repiten la oración cada vez que ella dice “amén”. Se escuchan llantos que opacan la voz principal, que busca ser clara, firme y directa.

La imagen no sorprendería si fuese la de alguna pastora de las tantas iglesias evangelistas que hay en el interior de Brasil, pero se trata de una médica en el pabellón de un hospital de Manaos, capital del estado de Amazonas, rodeada de médicos y enfermeros. Es un video que circuló el viernes 15 de enero de 2021, cuando los hospitales de esa ciudad dejaron de atender a pacientes con Covid-19 por falta de camas y tubos de oxígeno. Un día después, el sábado 16, se registraron doscientas muertes. Enterraron los cuerpos en fosas comunes y algunas familias no pudieron asistir a los sepelios. La ciudad recibió ayuda de Venezuela, que envió tubos de oxígeno; un gesto que Nicolás Maduro vio como una oportunidad para responderle a su antiguo enemigo, el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, y convertir la asistencia médica en una causa política.

En las plegarias de los médicos se cuela el pedido por la renuncia de Bolsonaro. Luego de una vertiginosa serie de deserciones, el 16 de septiembre de 2020 el exgeneral Eduardo Pazuello asumió como ministro de Salud. En su discurso, aseguró “no saber nada del sistema de salud de Brasil”. Al poco tiempo, comenzó a autorizar la prescripción de hidroxicloroquina, un componente que Donald Trump, durante el comienzo de la pandemia, salió a respaldar hasta que, el 15 de junio, la FDA, agencia reguladora de Estados Unidos, lo revocó. El 31 de octubre, Pazuello dio positivo y tuvo que ser aislado. El 15 de marzo de 2021, tras alcanzar la cifra de 280 mil muertos por Covid-19, Bolsonaro nombró al cardiólogo Marcelo Queiroga como ministro de Salud, el cuarto desde que asumió la presidencia. La expansión vertiginosa de los contagios visibilizó una constante en la Amazonía: la ausencia del Estado.

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