Frei Betto: Fraile dominico brasileño y teólogo de la liberación - Gatopardo

Frei Betto

Fraile dominico, brasileño y teólogo de la liberación.

Carlos Alberto Libanio Christo, Frei Betto.

Carlos Alberto Libanio Christo, Frei Betto.

El 19 de julio de 1980, en Managua, Carlos Alberto Libânio Christo, Frei Betto, y Luiz Inácio da Silva, Lula, asisten a la conmemoración del primer aniversario de la revolución sandinista. Por la noche, el padre Miguel d’Escoto, ministro de Relaciones Exteriores de Nicaragua, los lleva a la casa del escritor Sergio Ramírez, vicepresidente de la República. Es la fiesta de los VIP, a las celebraciones populares diurnas le sigue esta recepción íntima, aunque tumultuosa, en la que confraternizan los invitados internacionales con la nueva élite política nicaragüense. En algún momento de la noche, el tumulto íntimo se alebresta, vibra emocionado: Fidel Castro entra en escena. Saluda uno a uno a todos los presentes, estrecha las manos del teólogo de la liberación Frei Betto y del líder sindical Lula y se encierra en la biblioteca a atender asuntos trascendentes. Ésta es la insólita misión que la noche le depara al comandante: apaciguar a los empresarios que tienen miedo de la revolución. A las dos de la madrugada, Miguel d’Escoto avisa a los compañeros brasileños: “El comandante ya terminó la cola de empresarios, ¿quieren conversar con él?”.

Frei Betto está exultante porque Nicaragua es un sueño realizado: la primera vez en la historia que los cristianos habían luchado al lado de los comunistas. ¡Y habían ganado! Es quizás esta felicidad la que le insufla la confianza para importunar al líder cubano:

Frei Betto: Comandante, ¿por qué el partido y el Estado en Cuba son confesionales?
Fidel: ¿Cómo confesionales? Somos ateos.
Frei Betto: Afirmar o negar la existencia de Dios es confesional y la modernidad exige partidos y estados laicos.

Madrugada adentro, conociendo la pésima relación que existía entre la Iglesia católica y la Revolución cubana, Frei Betto expone al comandante tres hipótesis:

La primera es que la revolución persigue a la Iglesia católica, si es así le presta un buen servicio al imperialismo, al capitalismo, que quieren probar la incompatibilidad entre cristianismo y revolución. La segunda es que la revolución es indiferente a la Iglesia católica, de ser así presta un buen servicio a la contrarrevolución interna, que usa a la Iglesia como trinchera de cuestionamiento de la revolución. La tercera es que la revolución es un ente político que tiene que buscar el diálogo y las buenas relaciones con todas las instituciones cubanas, incluyendo a la Iglesia. (Con tal de ser fiel a lo acontecido, el autor ha sacrificado el estilo al repetir seis veces la cacofónica palabra “revolución” en este párrafo. El compromiso con la verdad es un lastre. Disculpas del autor.)

A las seis de la mañana, las impertinencias de Frei Betto parecen haber calado hondo en la conciencia del comandante, quien se despide con una invitación: ¿Usted puede ayudar a reaproximarnos a la iglesia?

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