Islam en México. Así viven los musulmanes lejos del fanatismo religioso.

Islam en México

El islam se ha convertido en una alternativa para muchos mexicanos que buscan respuestas a sus inquietudes espirituales. Éste es un pequeño viaje por las principales comunidades musulmanas de la Ciudad de México durante el Ramadán, entre días de ayuno y noches de oración.

Cuatro hombres, arrodillados durante unos cuantos minutos, pronuncian las siguientes palabras rituales: “Atestiguo que no hay nadie que merezca adoración excepto Dios y que Mohammed es el siervo y mensajero de Dios”. Éstas son las palabras de la shahada —la profesión de fe— que es necesario pronunciar para volverse musulmán. Ariel, uno de ellos, lleva 20 minutos en el islam, está emocionado, sonríe y se prepara a realizar su primer rezo con sus nuevos hermanos.

Es un viernes de julio en el centro islámico Al-Hikmah de San Juan de Aragón, barrio de la zona norte oriental de la Ciudad de México. La pequeña comunidad de Aragón festeja el Ramadán, el mes sagrado del islam, noveno mes del calendario lunar musulmán, en el que, según los creyentes, Mohammed recibió la revelación de su libro sagrado, el Corán.

La mezquita de Aragón, como se le conoce entre los musulmanes mexicanos, es en realidad una casa privada de una colonia popular que el imam Isa Rojas ha adaptado a la estética árabe, moldeando en ojivas las ventanas, cubriendo los pisos con tapetes y las paredes con citas del Corán. Desde 2006 se volvió oficialmente un centro islámico, después que Isa Rojas pasara ocho años en la Universidad Islámica de Medinah, en Arabia Saudita, estudiando la sharía, la teología y la jurisprudencia del islam.

Ariel tiene 26 años. Es subgerente de una panadería de la cadena El Globo y vive en el municipio de Tecámac, Estado de México. Hace pocos días lo invitaron a participar en un encuentro en la mezquita de Aragón, para que conociera esta religión. En sólo dos días tomó su decisión. Hoy es musulmán. Los primeros rezos y postraciones de Ariel, en su nueva vida musulmana, denotan todavía un poco de torpeza en reproducir los movimientos rituales e incertidumbre en las palabras en árabe.

“Antes, como todo mexicano, yo era católico, pero no iba a misa los domingos. Pero aquí es donde quiero estar”, explica Ariel después de su primera oración. “Me siento cómodo, me han recibido bien, como hermanos, desde que puse un pie aquí: bienvenido, un abrazo fraternal, se siente esto. Y todos estamos aquí con el mismo fin, que es adorar a Alá”, dice. Sus padres sin embargo todavía no saben de su conversión.

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