Jones Huala y la resistencia mapuche del Cono Sur - Gatopardo

Jones Huala y la resistencia mapuche del Cono Sur

Facundo Jones Huala cumple una condena en una prisión de Chile. Es el rostro de un conflicto que va más allá de la defensa por la propiedad de la tierra en la Patagonia, y que ha provocado el resurgimiento de la resistencia mapuche. Dice que la cárcel no detendrá el despertar de su pueblo, y que los gobiernos argentino y chileno son sus verdugos. Que si no resisten, los mapuches mueren.

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Facundo Jones Huala toma mate sentado en la cama de una celda de 1.80 por 1.80 del escuadrón 34 de la Gendarmería de Bariloche, en la Patagonia argentina. Casi hierve el agua con un calentador a kerosene y ceba con una pava de lata abollada. Susurra historias de revoluciones, habla del pensador marxista peruano Juan Carlos Mariátegui, de viejos anarquistas y del cacique Inakayal, líder de la resistencia mapuche a fines del siglo XIX. Al igual que Inakayal, él también es lonko, jefe político ancestral de su comunidad. Los mapuches son un pueblo originario, preexistente a los Estados argentino y chileno, que viven en la Patagonia, a un lado y otro de la cordillera de los Andes. La conquista española de América y, después, la conformación de los estados nacionales, implicó su persecución y desplazamiento.

En la celda, Jones Huala está flaco, más de lo habitual. Bigote y barba mal afeitados. Saluda primero en mapudungun, su lengua. Después, el cuerpo volcado hacia adelante, confidente y en castellano, habla de una Patagonia insumisa, rebelde. Tiene a su lado a un joven, su custodio mapuche, al que llama “sargento” aunque nada tenga que ver con las fuerzas de seguridad; él se encarga de que se observen las normas durante las ceremonias mapuches y la comunidad le asignó la tarea de custodiar al lonko. Daría la vida por su lonko. Es joven. No dice su nombre. Cada tanto agarra la pava y ceba un mate.

Es 28 de junio de 2017. Hace 24 horas que Jones Huala está preso. La justicia chilena lo retuvo por su supuesta participación en el incendio de un fundo en el sur de ese país que consumió la vivienda de los cuidadores. Él dice que un colono había usurpado dicho fundo, que históricamente era territorio mapuche. Ya había estado preso en 2013 por ese mismo hecho y, más tarde, por otros vinculados a lo que llama “acciones de resistencia” para defender el territorio mapuche. Reivindica ataques incendiarios a puestos de estancias, camiones, refugios de montaña y maquinaria de empresas de extracción de petróleo en la Patagonia, como las instaladas en Vaca Muerta (Neuquén), el Alto Valle de Río Negro o las de extracción de turba al norte de la provincia de Chubut.

Dice que la cárcel no detendrá el despertar mapuche; que los estados argentino y chileno son sus enemigos, sus verdugos; y que la muerte es un estadío más de la lucha. Tiene 31 años, está abrigado con un poncho, con el trarilonco atado a la cabeza, y habla de la muerte como si ésta no fuera nada. Dice que está preso por un acuerdo entre dos presidentes, Mauricio Macri y Michelle Bachelet, ambos, mandatarios que decidieron profundizar la represión contra el pueblo mapuche. Y advierte que esto lleva a la radicalización. Dice que han agotado todas las vías pacíficas, legales e institucionales; que “si no resistimos, nos morimos”, dice.

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