Las horas más oscuras de las enfermeras ante la pandemia - Gatopardo

Las horas más oscuras de las enfermeras ante la pandemia

La enfermería es una profesión que procura el cuidado integral de los enfermos y que ha sido predominantemente femenina. Ante la ausencia de certezas y una cura, ellas garantizan el bienestar de los infectados. Así son las horas más oscuras de las enfermeras durante la pandemia. Esta es la quinta entrega de la serie sobre lo que ocurre al interior de hospital de Nutrición.

A los 23 años me diagnosticaron una colitis microscópica y autoinmune de tipo linfocítica. Fueron meses de endoscopías, colonoscopías y una manometría esofágica, donde me observaron por dentro y sacaron muestritas del intestino. Después de un largo peregrinar, finalmente un doctor encontró la respuesta a nuestras primeras preguntas: qué tenía y por qué me inflamaba a lo largo del día con dolores de cabeza persistentes, picazón en la espalda y episodios de fatiga. La respuesta fue una colitis linfocítica, un tipo de enfermedad microscópica del intestino grueso cuya causa aún no se conoce. Se cree que es autoinmune. Con las primeras respuestas, vinieron otras preguntas como cuál sería la cura a este padecimiento, y no, no la tiene.

Después de diagnosticarme, el doctor me dijo que podía ofrecerme un tratamiento ante la falta de una solución definitiva. Se trataba de un coctel de medicinas que tenía que tomar antes del desayuno, la comida y la cena durante dos meses, y después cambiar por otra combinación conforme mi cuerpo dejara de responder a ellas. Eso serviría para controlar síntomas, pero el problema de raíz quedaría intacto. Tras prueba y error, decidí dejar las medicinas y enfocarme mejor en cuidar que mi cuerpo estuviera en las mejores condiciones para cuando llegara a tener una reacción: hacer ejercicio, comer alimentos no inflamatorios y dormir bien.

Aprendí que hay condiciones que la medicina puede solucionar y hay otras que solo puede tratar. Mi colitis está en la segunda categoría. El coronavirus también.

Cuando la muerte por enfermedades epidémicas aumentaba a finales del siglo XIX y principios del XX, y la medicina no encontraba respuestas para detener su propagación, la enfermería salvó a cientos de vidas al enfocar sus esfuerzos en la higiene, la buena alimentación y el descanso. El cuidado constante de los pacientes implicaba también una observación minuciosa de los enfermos, sus signos vitales y estados de ánimo. A partir de esta vigilancia, que se convertiría después en estadística y recopilación de datos, las enfermeras podían prever y anticipar cuándo los pacientes podrían empeorar. Así, empezaron a diseñar y dirigir la administración y la planeación hospitalaria para satisfacer las necesidades que inevitablemente surgían.

Desde que la Organización Mundial de la Salud (OMS) clasificó la propagación del SARS-CoV2 como pandemia, el 11 de marzo, se le ha comparado hasta el cansancio con los efectos de una guerra. En un episodio de The Daily —el podcast diario del New York Times—, se escucha al médico encargado de la unidad respiratoria de un hospital en la ciudad de Bérgamo, Italia, describir sus guardias como las de una ciudad bajo ataque. En una conversación que tuve hace un par de semanas con el director del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, el Dr. David Kershenobich, comentó que considera esta pandemia como una guerra y, a pesar de no haber vivido una experiencia bélica, le parece equiparable porque en ambas situaciones, todas las actividades de un país (la economía, la medicina, el periodismo, la producción) se avocan a atender la crisis. Entiendo las comparaciones y veo los paralelismos, pero hasta este momento me había rehusado a comparar la pandemia del coronavirus con una guerra.

En una guerra, el enemigo tiene agencia e intencionalidad; se propone atacar como medio para alcanzar un fin. Un virus no puede tener esa carga moral porque no decide matar, simplemente existe y hace lo que biológicamente está programado para hacer. A pesar de esa diferencia, que considero esencial, hay una sola cuestión en la que encuentro necesario hacer el comparativo entre guerra y pandemia: la enfermería.

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