Lecciones de lo bueno y lo malo con Roberto Sosa

De las paradojas que suceden cuando Roberto Sosa, uno de los mejores actores de México, interpreta a Juan Orol, el Rey del Churro, y a Gustavo Díaz Ordaz.

El año 2012 ha sido muy productivo para Roberto Sosa, quien mueve vigorosamente las manos mientras formula su recuento: este septiembre lo podremos ver en la piel de Juan Orol —considerado el peor cineasta mexicano, por lo que se le apodó el Rey del Churro— en la cinta El fantástico mundo de Juan Orol, ópera prima de Sebastián del Amo, y espera que en octubre, coincidiendo con un aniversario más del movimiento estudiantil de 1968, lo podamos ver como el odiado ex presidente Gustavo Díaz Ordaz en la cinta Tlatelolco de Carlos Bolado.

Pero Roberto tiene más motivos de alegría: este año también fue nominado al Ariel —premio que anualmente otorga la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas en abril— a la mejor coactuación masculina por su soberbia interpretación del travesti Lulú en la película Victorio de Alex Noppel. Y apenas, a finales de agosto, se llevó a cabo la “alfombra negra” por los dos años en cartelera del Cáncer de olvido, obra escrita y dirigida por Víctor Salcido, por la que Roberto obtuvo el premio de la Agrupación de Críticos y Periodistas de Teatro (ACPT) al mejor actor de monólogo, género en el que Sosa incursionó por primera vez con este montaje.

Actualmente, el actor recorre el país promocionando su cinta sobre Juan Orol en la piel del personaje: se enfunda en un traje oscuro a rayas y porta, con garbo, un sombrero como los que usaban los gángsters de antaño, en la época en la que los malos-malos usaban metralleta, traje y corbata.

Hace treinta años, cuando corría 1982, se dio una confirmación de fuego para Roberto Sosa: a los doce años de edad, al tiempo que se esforzaba por sacar adelante las materias de la enseñanza secundaria, le ofrecieron el papel protagónico en la obra teatral El soldadito de plomo e interpretar a Diego, el personaje central en la película El caballito volador, dirigida por Alfredo Joskowicz; también fue invitado por el productor Valentín Pimstein para dar vida al Pecas, el amigo de Lucerito, en la exitosa telenovela Chispita, de Televisa.

Por si la anterior olla de presión no fuese suficiente para un preadolescente, hay que considerar el estrés provocado por un hecho más: su papá —el también actor de nombre Roberto Sosa— estaba en total desacuerdo con que su hijo trabajara en el medio artístico, ya que prefería tanto para él como para su hermana Evangelina, a la que había arrastrado al cine, la vida normal de los infantes que dedican su tiempo a estudiar y a jugar. Mientras, su mamá, por el contrario, apoyaba totalmente las aspiraciones artísticas de su hijo, lo que era motivo de pleitos constantes en la casa familiar que, muchas veces, se convertía en un infierno del que Roberto quería salir huyendo.

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