Mirar nuestra muerte: Ser mujer perito en México - Gatopardo

Mirar nuestra muerte: Ser mujer perito en México

Un día en la fiscalía para feminicidios, en una ciudad donde una mujer es asesinada cada cinco días, en un país donde se cuentan 10 feminicidios al día. La criminalidad deja sin descanso a los equipos forenses conformados por mujeres. ¿Cómo logran observar el dolor y desentrañar las cifras?; ¿cómo tomar distancia sin perder la empatía?; ¿qué hacer con la desigualdad laboral frente a sus pares hombres?; y ¿qué hacer con el peligro latente de ser mujer en este oficio? Éstas son las preguntas que ellas encaran día con día.

 

 

Son tantas las víctimas que no sabemos nombres ni números precisos. Seguido mostramos a quienes reclaman por ellas: madres, hijas, hermanas, amigas. Las manifestaciones, sus fotografías, las cruces rosas que enmarcan el dolor. Pero al asomarnos a las instituciones, hurgar en un mundo soterrado y tratar de ver dónde queda la justicia, encontramos las batallas que libran otras mujeres en la criminología y las ciencias forenses. Esta historia está diseccionada en cuatro partes y muestra la vida de varias mujeres que, aun a riesgo de ser las próximas víctimas, viven los feminicidios desde su trinchera.

I.

Es una mañana de octubre de 2020. Desde un rincón en un edificio gris rodeado por una gran barda blanca, que parece una fábrica más de la Ciudad de México, junto a una avenida que es río de vehículos y colectivos que jamás se detiene, ahí opera la fiscalía donde nadie quiere estar. La “fiscalía del pasillo”, le llaman. Fiscalía Especializada para la Investigación del Delito de Feminicidio es su nombre oficial, extenso y pomposo. El gobierno de la capital la creó en septiembre de 2019 y desde abril de 2020 existe bajo el mando de Sayuri Herrera, una mujer de apenas 38 años, abogada y activista que ha enfrentado al Estado en casos emblemáticos.

Cuando crearon la fiscalía, muchos servidores públicos —mujeres y hombres— pidieron que los trasladaran a otras dependencias. No querían trabajar ahí porque a muchos les pesa el tema. Otros simplemente no dieron explicaciones. Hoy, cuando el mundo sigue en crisis por la pandemia de Covid-19, una mujer espera afuera de la pequeña oficina de la fiscal. Es una servidora pública con el cargo de oficial secretaria, lleva seis meses ausente por riesgo de contagio y, aunque percibe un sueldo, no ha presentado ningún avance de trabajo. Hoy trae una carta donde dice que se rehúsa a reintegrarse cuatro días por semana y a unirse a las guardias organizadas para garantizar la atención a víctimas las 24 horas.

—No puedo venir porque tengo una hija y la tengo que cuidar —dice la mujer.

—¿Y qué hacemos con las madres que llegan aquí porque buscan a sus hijas? —responde la fiscal, en tono suave, hasta con dulzura.

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