Pandemia Fútbol Club: nueve jugadores atrapados en Bolivia – Gatopardo

Pandemia Fútbol Club: nueve jugadores atrapados en Bolivia

Para muchos adolescentes de bajos recursos, el fútbol profesional luce como el camino soñado para el éxito. Nueve jóvenes colombianos son engañados por un estafador, un empresario que se dice colombo-argentino y que ha llevado a jugadores a clubes desde México hasta Alemania. Durante la pandemia, en un departamento en Bolivia, estos jugadores quedan abandonados a su suerte y enfermos de Covid-19.

Tiempo de lectura: 20 minutos

Cualquiera que haya asistido a un templo para una ceremonia católica ha tenido que preguntarse alguna vez de dónde sale el sacerdote que celebra la misa y a dónde se va cuando la cierra: ¿qué hay detrás del altar?, ¿cómo es el backstage de un cura?; ¿tiene camerinos donde tirar la sotana?, ¿hay utilería religiosa atravesando los pasillos?

La puerta trasera de la parroquia La Salette, al sureste de la ciudad boliviana de Cochabamba, en el centro del país, descubre un jardín frondoso y muy bien cuidado, con molles y fresnos que dosifican la severidad solar y una mixtura iridiscente de rosas y achiras. Un paisaje al que, a primera vista, sólo le faltan animales salvajes y benévolos para completar la postal del paraíso. Sólo al fondo y en los costados asoman unos bloques que revelan la mano del hombre. Hay un salón parroquial de tres plantas, tan amplio como para acoger una pista de baile, un chalet de dos pisos y en el oeste, una canchita deportiva.

El párroco de La Salette asegura nunca haber practicado deportes. Mediano, moreno, de pelo pajoso y lentes sobrios, David Cardozo es un sacerdote de 48 años más afecto a las películas que al ejercicio: asumió la vocación católica después de ver Hermano sol, hermana Luna (1972), el filme de Franco Zeffirelli que recrea la vida de San Francisco de Asís. Y aunque uno se siente tentado de traer a colación eso de que “Dios da pan a quien no tiene dientes”, la vida reciente de Cardozo convierte a la canchita de cemento en una señal premonitoria del destino que cumplió: la canchita que sólo encontró razón de ser cuando la pisaron nueve futbolistas colombianos, primero, estafados por un compatriota suyo; luego, contagiados —casi todos— de Covid-19; y, finalmente, salvados por el cura que descubrió a Dios en el cine.

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