Temporada de muertos, una historia sin fin. Carta desde Guerrero.

Temporada de muertos: Carta desde Guerrero

Después de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, el mundo puso sus ojos sobre Guerrero. Este estado, uno de los más conflictivos de México, se convirtió en el epicentro de una dramática historia que parece no tener fin.

“Perder el pelo, perder la calma, ¿me explico?, perder el tiempo, (…) perder la sangre, perder al padre y a la madre, perder el corazón, (…) perder, perder, y volver a perder, hasta las ilusiones perdidas hace tanto tiempo”.
Hans Magnus Enzensberger,
El hundimiento del Titanic

UNO

Le pedí que me hablara sobre la amapola que se siembra masivamente en su municipio, pero Mario Chávez, el joven alcalde de Tlacotepec, parecía venir de otro país: me dijo que eso ya no se daba, que era fama nomás y luego empezó a platicarme que un hombre con alas, aunque otros dicen que es un dragón, llevaba noches apareciéndose en su pueblo. “Mañana va a ir el obispo a bendecirnos el cielo, lo va a hacer  desde un helicóptero que conseguimos”, me contó el alcalde como si no quedara otra salvación. Hubiese ido a Tlacotepec para ver en qué acababa el cuento, pero afuera del restaurante donde platicábamos estaba Guerrero y dentro de éste estaban nuestros muertos, nuestros desaparecidos.

No eran tiempos para hablar de fábulas.

Era temporada de la flor de muertos, del cempasúchil.

DOS

Cincuenta por ciento del comercio en Chilpancingo ha cerrado definitivamente. También ahí, 70 % de los negocios baja la cortina a las siete de la noche. Una docena de casas de cambio han sido clausuradas; tenían dos, tres años limpiando narcodólares. 250 placas de taxi se le otorgaron a los narcos, vía el gobierno del estado. 120 camiones recolectores de basura le pertenecen al crimen. Diez por ciento del costo de la obra es el diezmo que políticos y narcos le exigen a los constructores. 300 familias de dinero salieron huyendo de la ciudad. 300 casas están en venta, y sólo se han vendido dos. Tres mil 500 pesos es lo que paga el dueño de un bar como cuota semanal. Cinco mil pesos desembolsan semanalmente los ferreteros para que no los secuestren y los dejen trabajar. 50 pesos cobra el crimen por cada cerdo que los tablajeros compran en el rastro. Veinticinco pesos diarios desembolsa cada taxista como cuota. En Iguala, le pueden pedir 20 mil pesos mensuales a un joyero para no molestarlo. Veinte. Cincuenta por ciento es lo que el narco le quita a un campesino cuando éste recibe los programas sociales o los pagos de su cosecha. Dos pesos cobran los narcos por cada pollo que vendan las pollerías, y 50 centavos por las vísceras.

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