Viaje al corazón del ébola. La epidemia que asoló a Sierra Leona.

Viaje al corazón del ébola

El ébola llegó a Sierra Leona en mayo de 2014. La enfermedad atacó al país africano con violencia y pronto se convirtió en una epidemia que salió del control de las autoridades. Se calcula que murieron cuatro mil personas, pero las víctimas podrían ser más.

El primero en enfermar en la aldea fue Mohamed Kamara, el hermano de Sullo Kamara, que entonces tenía veinte años. Terminaba julio de 2 014, el mes en el que el sudor empapa a los vecinos, pero Mohamed le dijo a Sullo bajo el sol, mientras regresaban de la cosecha, que tenía frío. Al día siguiente se quedó en su cabaña y se pasó la noche vomitando. Después comenzó a defecar sangre. Sullo y el resto de sus hermanos, asustados, trataron de ayudarlo. Le dieron algunas hierbas y —siguiendo sus creencias— sacrificaron varios animales, pero al cabo de cuatro días Mohamed murió. Era el 1 de agosto. Ese mismo día los padres de Alhasagna, que vivían en la cabaña del al lado, empezaron a sentirse mal. Dolor de cabeza y, otra vez, frío. Después, hicieron el mismo recorrido que Mohamed… hasta el final. La hermana de Seto fue la siguiente. Además de malestar y frío le costaba enfocar la vista. Decidió quedarse en su cabaña y la encontraron muerta en un rincón. Murió el mismo día que el hijo de Fullah, de 12 años, que llevaba también varios días sin poder comer y con un insoportable dolor en todo el cuerpo. Un día después le tocó al marido de Isatu, una joven vecina de 21 años. El hijo de ambos acababa de nacer y su padre apenas pudo disfrutarlo. Días después de los primeros dolores, murió.

La aldea se llama Kombrabai. Es un pequeño claro en el bosque, con suelo de tierra y media docena de grandes cabañas de adobe con techo de paja compartidas por varias familias. Está a dos horas por carretera de Freetown, la capital de Sierra Leona. Para llegar a ella hay que superar un sendero lleno de baches, charcos y barro rojizo. Cuando por fin se alcanza Kombrabai, el silencio lo envuelve todo, a veces alterado por los gritos de los niños jugando descalzos sobre la tierra. La espesura del bosque marca los límites de la aldea, como si fuera un territorio sin explorar amenazado por el mundo exterior, desconocido. Los niños de Kombrabai no conocen nada más allá de sus cabañas.

Fullah Suhan, de 25 años, perdió a toda su familia en la casa que tiene a sus espaldas.

La aldea llegó a la segunda semana de agosto de 2 014 con el contador de muertes fuera de control, enloquecido. Varios hermanos de Fullah, los padres y cinco hermanos de Musa: todos muertos. El mes entró en su recta final con días en los que morían hasta tres vecinos. La familia Sissey completa desapareció.

Nadie sabía el porqué de todas esas muertes. Hasta que Almamy Sesay, el líder de la aldea, en una reunión de urgencia celebrada al anochecer, lo explicó: Kombrabai, el pequeño asentamiento de 300 vecinos aislado en el corazón del bosque, había recibido la visita de una bruja. Ella era la que causaba las muertes.

Tras el anuncio comenzó un frenético calendario de sacrificios animales, danzas y rituales. Lo más importante era permanecer unidos para ahuyentar a la bruja. Muchas familias decidieron juntarse en cabañas para combatir el miedo. Pero a principios de septiembre eran más de cincuenta los muertos.

—Me convencí de que íbamos a morir todos. Que era el final. Estaba muy triste —dice Sullo, hermano de Mohamed Kamara, el primer fallecido.
Kombrabai afrontaba su apocalipsis. Nada estaba dando resultado ante la bruja.

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