Mayotte, la isla rebasada por la migración, un volcán y el coronavirus - Gatopardo

Mayotte, la isla rebasada por la migración, un volcán y el coronavirus

Este es el territorio olvidado del gobierno francés. Tiene una de las densidades de población más alta y acumula la mayor incidencia de coronavirus en territorio africano. Su población reclama agua, electricidad, carreteras, educación y servicios sanitarios. La pandemia vino a exponer aún más la vulnerabilidad en la que se encuentra.

En la isla de Mayotte, un territorio de ultramar que pertenece a Francia en el océano Índico, hay una doble barrera de coral, aguas turquesas, nidos de tortugas marinas en cada playa, delfines y ballenas en el horizonte. Palmeras, cocoteros y plataneros. Lémures, cabras, vacas y murciélagos. En el aire, calor. Y olor a clavo, pimienta, vainilla, canela, jazmín, así como ylang-ylang, el perfume más preciado del mundo. La llamada a la mezquita cinco veces al día; las conversaciones de las mujeres que venden fruta y las de los hombres que juegan al dominó. Pero también hay violencia juvenil, barrios de casas precarias colgados de la montaña, pateras que llegan repletas a diario, terremotos, inundaciones. Y ahora, como en casi cualquier rincón del planeta, en la isla de Mayotte hay una pandemia.

“Tenían que haberlo parado antes, cerrar el aeropuerto”. “Todo es culpa de Macron. Nos ha enviado el virus para controlarnos. Seguro que él ya está vacunado”. “Pero el virus no existe, ¿no?, eso son cosas entre China y Estados Unidos”.

El 14 de marzo, en el café del centro de vacunaciones del hospital de Mamoudzou, la capital, los trabajadores discuten sobre la llegada del primer caso de coronavirus a la isla el día anterior, aproximadamente un mes después de que la gravedad del asunto empezara a ser preocupante en el resto de Francia; aproximadamente un día después de que la gravedad del asunto obligara, en la Francia continental, a cerrar comercios, bares, colegios, universidades, puestos de trabajo, a cancelar rutinas, certezas y estilos de vida. La tensa espera había terminado en la isla: el virus había llegado finalmente a este remoto lugar en un avión procedente de París.

Lo de remoto depende siempre del punto de vista. A medio camino entre Madagascar y Mozambique, Mayotte es una de las regiones ultraperiféricas de la Unión Europea. Desde 2011, posee estatus de departamento, el mismo que la Dordoña, los Alpes o la región parisina. A 8 000 km de París, aquí lo remoto son los Campos Elíseos, donde está la casa de gobierno. Y, sin embargo, es allí donde se deciden las necesidades de la isla: se atribuyen presupuestos, se envían prefectos (los encargados de hacer valer las leyes, reglamentos y valores de la República) y militares (los encargados de proteger el valioso comercio de mercancías que atraviesa el canal de Suez y el aún más valioso que conecta África con India y China). Aunque, oficialmente, las leyes promulgadas por el parlamento nacional (liberté, egalité, fraternité) deben aplicarse también en los departamentos, también oficialmente, en el caso de algunas materias, estas leyes deben especificar si son aplicables en todos éstos (podría hablarse de excepcionalité). Principalmente, las que tratan de inmigración.

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