Una vida en el ring
Kyzza Terrazas presenta su tercer largometraje, “Bayoneta”, protagonizado por Luis Gerardo Méndez.
noviembre 8, 2018

“Uno siempre cuenta la misma historia, sin saberlo”, confiesa Kyzza Terrazas, cineasta mexicano nacido en Kenia, que desde el inicio de su carrera ha manifestado un profundo interés por tres temas en particular: los migrantes en un territorio ajeno, la violencia como respuesta a las injusticias, y el lenguaje como parte de la vida.

Desde estas inquietudes surgió su cortometraje Matapájaros, su ópera prima El lenguaje de los machetes, el documental Somos lengua y ahora su obra más reciente, Bayoneta. “Ésta tiene muchas de mis obsesiones personales, y también habla sobre la culpa o esta noción de desaparecer para redimirse, experiencias vitales que a mí me interesa contar”, explica Terrazas en entrevista, quien retoma dichos tópicos y los entrelaza en una historia de redención que filmó bajo el frío perpetuo de Finlandia.

En esta cinta, presentada durante el pasado Festival Internacional de Cine de Morelia, Luis Gerardo Méndez interpreta a Miguel Bayoneta Galíndez, un exitoso y ficticio boxeador tijuanense que se aleja del ring y su familia tras sufrir una derrota personal y profesional. Al dejar atrás una prometedora carrera, que lo llevó a representar al país en Juegos Olímpicos y competencias internacionales, Galíndez se refugia en la tranquila ciudad finlandesa de Turku, donde trabaja como entrenador en un gimnasio de poca monta. Sin embargo, la oportunidad de regresar a lo único que sabe hacer profesionalmente, según sus palabras, lo llevará a indagar en su pasado y luchar contra las culpas que lo han mantenido detenido y en un país en el que no termina por adaptarse.

“Creo que las películas de boxeo siempre resaltan porque se pueden tomar como metáfora de la vida. Luchas, te caes, te levantas, fracasas y pierdes todo, y te vuelves a levantar. En muy poquito tiempo presentan historias con altibajos y momentos de gloria”, comenta el cineasta, quien también destaca que una de las razones por las que él y el escritor Rodrigo Márquez Tizano, coautor del guion, recurrieron al boxeo como eje central de la película es por la interesante cercanía histórica que el pugilismo ha mantenido con el cine nacional. “Creíamos importante que en esta oleada de cine hecho en México se explorara el mundo del boxeo”.

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La cinta fue filmada en la ciudad finlandesa de Turku – Fotografía: Cinépolis Distribución

Bayoneta asimismo marca un hito en la producción de nuestro país, al ser filmada casi en su totalidad en las calles de Finlandia, algo que el director consideró desde la creación del argumento, no sólo por razones de estilo y producción, sino con un fin dramático. “No queríamos recurrir a un estereotipo en donde era obvio que el personaje huyera a Estados Unidos, eso nos parecía algo muy evidente. Queríamos profundizar un poco más con un Bayoneta asilado en un lugar ajeno que le permitiera tener un encuentro brutal consigo mismo”, detalla.

Durante el rodaje en Finlandia, un país que Terrazas conocía gracias a su afinidad por el cine de Aki Kaurismäki, el equipo de producción halló una sociedad cercana al boxeo y al tipo de historias que se buscaba contar en la película. Incluso se encontraron en uno de los gimnasios de la ciudad a un joven mexicano que había huido de Sonora para establecerse ahí y convertirse en boxeador.

“Creo que fue un hallazgo el trabajo de Luis Gerardo en la película. No hace al boxeador típico. Dotó de una fragilidad y suavidad al personaje que le dio un toque muy interesante a la historia”, dice el director. Méndez aparece además rodeado de un elenco de la talla de Brontis Jodorowsky y Laura Birn.

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Bayoneta llega a las pantallas mexicanas después de su presentación en los festivales de Morelia y Los Cabos – Fotografía: Cinépolis Distribución

Aún con las dificultades propias del rodaje de una película como Bayoneta, incluyendo el entrenamiento de su elenco, el ensayo de coreografías, el traslado a otro país y el trabajar en otro idioma, Terrazas señala que el resultado ya es en sí un logro. Está listo para, como un boxeador tras escuchar la campanada final, someterse al juicio del espectador y salir victorioso.

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