Contra el Oscar, el pleito interminable - Gatopardo

Contra el Oscar, el pleito interminable

Hay quienes consideran al Oscar como un premio importante por destacar el cine de la industria más poderosa del mundo. También quienes consideran que cualquier tipo de premio refleja los gustos del jurado en turno. Y para quienes la predilección es inevitable: es el cine que está en todas las pantallas del mundo.

El cine no es subjetivo; más bien es un objeto condenado a la subjetividad y, por eso, las opiniones que damos sobre él y sobre eventos como la entrega del Oscar dependen del lado en el que nos situamos en el pleito interminable por el espíritu de las imágenes. Abundan quienes consideran al Oscar un premio importante por representar el cine destacado de la industria más poderosa del mundo: la hollywoodense. Pero también hay quienes consideramos que cualquier tipo de premio refleja meramente los gustos del jurado en turno, aunque seamos afines a él, y que por ello los reconocimientos son solamente la expresión de una idea particular sobre el significado del cine. En este bando también pensamos que la inmensa atención mediática al Oscar no es más que una expresión de neocolonialismo, porque premios industriales los hay en todos lados —ahí están los Ariel de México; los Goya de España; los Premios Sur de Argentina— y ninguno recibe la misma atención.

Alguien dirá que la predilección es inevitable: a final de cuentas el cine de Hollywood está en casi todas las pantallas de la Tierra. Sin embargo, esto es un síntoma de la hegemonía estadounidense que no se debe a la mayor calidad de sus producciones sino a una imposición política. Para muestra está la ley cinematográfica promulgada en México tras la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que eliminó la obligación de proyectar películas nacionales en la mitad de las pantallas del país. Esto prueba que vemos lo que otros quieren que veamos, y que el Oscar sirve para validar eso que quieren hacernos ver.

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