Entre los rotos de Alaíde Ventura: Premio Mauricio Achar de Novela 2019

Una novela, editada por Penguin Random House, sobre personas cuyas rupturas internas desembocan en diversos tipos de violencia, y un recorrido por las silenciosas pero visibles consecuencias de la violencia desmedida, y la aflicción que deja a su paso.

En Japón aún se practica el kintsugi, que es el arte de reparar una pieza rota de alfarería, cuyos trozos se pegan a través de una laca que se mezcla con oro o plata. El resultado es un objeto utilizable y evidentemente resquebrajado, con un colorado hilo que delata esta ruptura. En el kintsugi no se trata de camuflar el daño, sino de hacerlo notar de otra forma: de cómo la ruptura es parte del objeto, cuenta su historia y envuelve su personalidad. Estar roto es su constitución.

Alaíde Ventura, la autora de la novela Entre los rotos, ganadora del Premio Mauricio Achar de Novela 2019, no es ajena al concepto. “Me gusta porque así somos las personas, ahora tendemos a la curación por medio del decreto y arte de magia, pero en realidad no existe”, dice la joven escritora y antropóloga originaria de Veracruz, en entrevista con Gatopardo. “Puedes hacer paz con tus traumas, vivir con ellos y traerlos cargando como amigos, pero no puedes desprenderte de esos fantasmas”.

Ventura, profesional tuitera de las ironías en la vida cotidiana, así como una talentosa escritora nacida en 1985, decidió alejarse de la objetividad antropológica para un acercamiento más libre hacia las historias, con una narrativa de ficción que eventualmente le dio el premio Gran Angular en 2018 por Como caracol, una novela sobre las relaciones familiares y el Alzheimer.

Al año siguiente publicó Entre los rotos, inspirada por el encuentro de una fotografía familiar: “Era una foto de mis papás peleándose cuando yo era muy bebé. Primero me dio risa, pensaba ‘¿quién tomó esta foto? ¿Por qué?’, y empecé a investigar y descubrí que la tomó mi hermano. Pero no se veía el porqué”. A partir de este ejercicio, Ventura se preguntó por todas las fotos que tenía y qué historia contaban. Lo que comenzó como un ejercicio de qué hay detrás de una foto, juntó raíces y se conectó para llegar a una novela.

“Puedes hacer paz con tus traumas, vivir con ellos y traerlos cargando como amigos, pero no puedes desprenderte de esos fantasmas.”

Entre los rotos, editada por Penguin Random House, es una novela sobre personas cuyas rupturas internas desembocan en diversos tipos de violencia: física, hacia los demás, hacia el cuerpo, de lenguaje y hasta hacia uno mismo. En esta novela, la narradora y protagonista rumia fotos y recuerdos familiares, los que revelan a un padre iracundo que entre golpizas, insultos y abusos devastó con lujo de contemplación la dinámica familiar. El más afectado parece ser Julián, hermano de la narradora cuyo proceso de lidiar con el trauma es la retracción al silencio, de carácter ensordecedor que genera rupturas invisibles, similares a las que su progenitor engendraba con puños y palabras.

“Lo que sí me interesa decir es cómo naturalizamos la violencia a tal grado que ya ni la vemos hasta que sucede algo radical”. Manifestados con listas o sentencias cortas, Entre los rotos está lleno de momentos así, de gente que por razones diversas opta por hacerse de la vista gorda ante una violencia que inesperadamente se fundió con su personalidad, y desquitar este dolor es tan agresivo como involuntario. Julián no habla, su madre vierte toda su atención en él, y la narradora carga un doloroso albatros, y decide irse de casa, donde hiere a diestra y siniestra a personas a su alrededor.

“El roto sigue rompiendo”, exclamó Ventura durante la presentación de su novela, similar al dicho en inglés: “La gente herida hiere [hurt people hurt people]”.

Entre los rotos recuerda que el pasado, desvanecido y viejo como una fotografía, ejerce un siniestro control en nuestra personalidad. Para Ventura, era importante resaltar que todos estamos un poco rotos, lo que nos hace quienes somos. “Me interesa conectar, y que el lector diga ‘yo he estado ahí’. Eso es suficiente porque una historia no vive aislada, si a mí se me ocurrió es porque vivo en un contexto donde esto es posible, y si era posible, debe haber sucedido infinidad de veces. Simplemente busco acompañarnos un poco”, concluye.

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