Scott Fitzgerald, la vida del autor de "El Gran Gatsby"
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F. Scott Fitzgerald: El desencanto del sueño americano

Scott Fitzgerald nació el 24 de septiembre de 1896. Como muchos de los personajes de sus novelas y cuentos, salió de un pasado no tan glorioso para encontrarse de pronto en la cima de la prosperidad.

Scott Fitzgerald, como muchos de los personajes de sus novelas y cuentos, salió de un pasado no tan glorioso para encontrarse de pronto en la cima de la prosperidad, que prometían los años 20 en Estados Unidos —quizás la década de sus mayores éxitos literarios—. Entre jazz, champaña y flappers de vestidos cortos, se convirtió en el autor mejor pagado de su generación, que alguien nombró perdida, por su cercanía con la Primera Guerra Mundial y la Gran Depresión.

Fitzgerald, elegantemente vestido y con el cabello perfectamente peinado, escribía lo mismo sobre la falsa promesa norteamericana del ascenso social y sobre el desencanto que trajo la posguerra y posteriormente el materialismo;  a un siglo de la presentación de su primer novela —A este lado del paraíso— se puede leer su voz como el testamento de una época y la desilusión ante el mito del “sueño americano”. Un sueño que buscaron migrantes y nativos y que se construyó hegemónicamente con nuevas industrias como la cinematográfica. Muchos tuvieron que despertar sin haberlo alcanzado.

Entrelazados con sus más de 150 cuentos, Francis Scott Fitzgerald ocultaba detrás de una apariencia de abundancia varios problemas; entre ellos la nula aceptación de la aristocracia neoyorquina, que lo consideró un nuevo rico y le cerró algunas puertas, justo como le pasó al protagonista del Gran Gatsby. También durante esa década se agudizó su relación con el alcohol, particularmente con el whiskey, que a pesar de la prohibición que Estados Unidos puso a las bebidas espirituosas, llegó a los labios de Fitzgerald para convertirse en fiesta y en uno de los responsables del fin de su carrera.

Además del alcoholismo, Fitzgerald era dependiente de Zelda Sayre, su esposa durante 20 años. Ambos mantenían una relación complicada que solo el tiempo logró acabar. Sobre Zelda cuentan que tenía ambiciones monetarias que dilapidaron las ganancias y adelantos que recibía Scott, en viajes, estadías en París y en la Riviera Francesa.  Además, gustaba de vestidos diseñados por Jean Patou y Chanel, que llenaron su guardarropa y que la hacían lucir bella a un muy alto precio. 

Zelda, quien tomó el apellido Fitzgerald, tenía ambiciones literarias que Scott apagó después de que ella publicara su novela, también semiautobiográfica, Save me the waltz. La esquizofrenia que padecía terminó por enterrar sus deseos de escribir en habitaciones de hospitales psiquiátricos que su esposo pagaba con préstamos de su editor, que terminaron por llevarlo a la bancarrota.

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