Ida Vitale, la mujer que no habla en vano - Gatopardo

La mujer que no habla en vano

Ida Vitale es la ganadora del Premio Cervantes 2018, convirtiéndose en la quinta mujer en recibirlo.

Ida Vitale nació el 2 de noviembre de 1923 en Montevideo, Uruguay. Sus papás son nietos de inmigrantes italianos, que consideraban que la cultura era un eje vital para el desarrollo. A la casa Vitale –recordó la poeta en una entrevista– llegaban todas las mañanas cuatro diarios con sus respectivas secciones culturales, en cuyas páginas era normal encontrar poemas.

“No sé si eso ayudaba a que la gente se interesara por leer poesía o si eso lo hacían porque en ese momento la gente sentía la poesía más cercana”, expresó una vez para El Diario. Ahora, a sus 95 años, Vitale se convirtió en la quinta mujer que ha ganado el premio Cervantes 2018, considerado como el premio Nobel de la literatura en lengua española, y que este año tuvo una importancia particular por la cancelación del Premio Nobel de Literatura. El reconocimiento llega después de haber recibido ya el premio García Lorca en 2015, el Reina Sofía en 2016, y el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances este mismo año.

La carrera de Vitale comenzó en la licenciatura de Humanidades, en Uruguay. Se dedicó a la docencia y publicó algunos textos en prosa, crítica y ensayo. No fue hasta 1949 que se conocieron publicamente sus poemas en el libro La luz de esta memoria.

Entre el 62 y el 64 dirigió la sección literaria del diario uruguayo Época. También fue parte del equipo de dirección de las revistas Clinamen y Maldoror. Publicó Palabra dada (Montevideo, 1953), Cada uno en su noche (Montevideo, 1960) y Paso a paso (Montevideo, 1963).

La palabra

Expectantes palabras,
fabulosas en sí,
promesas de sentidos posibles,
airosas,
aéreas,
airadas,
ariadnas.

Un breve error
las vuelve ornamentales.
Su indescriptible exactitud
nos borra.

Palabra dada (Montevideo, 1953).

 

En 1974 se fue de Uruguay, huyendo de la dictadura cívico-militar que sometió al país sudamericano hasta 1985. Llegó a México, ya integrada en la Generación del 45, junto con Mario Benedetti, Carlos Maggie, Domingo Bordoli y Amanda Berenguer. Desde entonces, su poesía ondeaba una bandera de ser simple e inclusiva: “Para todos. No especializada ni recóndita”, declaró en repetidas ocasiones.

En México vivió una década, en la que se volvió amiga de Octavio Paz, quien le pidió que se sumara al comité asesor de Vuelta, que se fundó en 1976. También fue una de las fundadoras del diario UnomásUno e impartió clases en el Colegio de México.

En 1984 volvió a Montevideo. “Dejamos México (ella y Enrique Fierro, su esposo y también poeta) cuando acá volvía la democracia y creíamos que era nuestra obligación volver”. Estuvieron dos años ahí y regresaron al exilio, ahora en Austin, Texas, donde vivieron hasta que Fierro murió, en 2016.

Otoño

Otoño, perro
de cariñosa pata impertinente,
mueve las hojas de los libros.
Reclama que se atienda
las fascinantes suyas,
que en vano pasan del verde
al oro al rojo al púrpura.

Como en la distracción,
la palabra precisa
que pierdes para siempre.

– Reducción del infinito, (Antología y nuevos poemas, Barcelona: Tusquets, 2002)

 

Sergio Ramírez, escritor, periodista, político y abogado nicaragüense que ganó el Premio Cervantes del 2017 y ahora forma parte del jurado, aseveró que Ida Vitale merece este premio “Por su lenguaje, uno de los más destacados y reconocidos de la poesía moderna en español, que es al mismo tiempo intelectual y popular, universal y personal, transparente y hondo. Convertida desde hace un tiempo en un referente fundamental para poetas de todas las generaciones y en todos los rincones del español”.

Sus poemas están muchas veces inundados de animales y plantas, inclusive publicó un libro con el título De plantas y animales: acercamientos literarios (Paidós, 2003). Tiene un olfato privilegiado y entrenado, que discierne entre Romero y Mirta en segundos, o al menos así lo cuenta Julio Trujillo, otro poeta que la admira enormemente. Su fascinación por la naturaleza es manifestación de la determinación y compromiso sensorial con los que mira e interroga el mundo.

“Libro a libro, Ida Vitale ha erigido un cosmos impar en el que el lenguaje se yergue, vivo, precisamente como un animal que nos estudiara a nosotros, los lectores”, declaró Trujillo antes de una clase magistral que impartió la poeta en Madrid.

 

Sequía

De se taire, parfois, riche est l’occasion. Roussel

Y tienen las palabras su verano,
su invierno, y tiempos de entretierra
y estaciones de olvido.

De pronto se parecen demasiado a nosotros,
a manos que no tocan
hijos, amigos,
y pierden su polvo en otra tierra.

Ya no las mueve el agua
de nuestra tibia orilla humana.

Navegan entre nieblas,
merodean lentísimas,
van como topos, ciegas, esperando.

Hermanas, tristes nuestras.

 

Vitale ha dicho desde hace mucho que su método de escritura, arduo pero simple, consiste mayormente en borrar. No decir más que lo absolutamente imprescindible.

Su forma de observar del mundo y su precisión lingüística la han convertido en una de las voces clave de nuestra era. En sus 95 de vida, ha transformado sus palabras en historia, en homenaje al español. 

Mi homenaje

Mi homenaje
al que plantó cada árbol
sin pensar, para siempre.

O acaso imaginando al desunido
que un día lo convoca,
lo celebra.

A lo que no obstante el mediodía,
se da en glorioso atardecer.

A todo lo que ocurre
sin ser más que eso: algo.

Al conductor del ómnibus,
cumplido, sonriente,
que levanta una tarde
con su simple saludo.

Al pájaro que pía.

A quien en su país desvencijado
ose decir su parecer riesgoso.

Al que en el valle
recuerda que hay montañas
y en una gota de agua,
olvidando la niebla,
tiembla ante la sequía
y el desierto ofrecido.

Al banco cuya húmeda madera
me acoge y me refresca,
mientras el tormentoso verano
no da tregua.

Al hueco que busca
colmarse pese al vértigo
y a la gaita que llama a soledades
desde un acantilado.

Al que se acuerda de mí.

Al que me olvida.


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