El siglo de Margo Glantz

De escritora a escritora, Brenda Lozano –de Bogotá39– entrevista a Margo Glantz, ganadora del Premio Alfonso Reyes.

Entrevisté a Margo Glantz en tres ocasiones en la sala de su casa. La primera fue en mayo, esa vez le propuse que hiciéramos la entrevista en tres partes, tal vez espaciadas mensualmente porque tiene una agenda llena. A sus 87 años, la pasa de viaje alrededor del mundo en festivales literarios y congresos universitarios. Esa tarde también me enteré de que pronto tenía una cita con el cardiólogo. El día de su cita le envié un mensaje por WhatsApp para saber cómo le había ido: “Bien. Gracias. A lo mejor puedes venir antes y continuar la aventura si todavía te sirve.” Fui la siguiente semana a su casa en una tarde lluviosa en la que hablamos largo rato. Cuando nos despedimos dijo que haría una fiesta de resurrección si todo salía bien. Estaba nerviosa por la cirugía que le esperaba unos días después.

Margo Glantz estudió en la UNAM y se doctoró en Letras Hispánicas por La Sorbonne. Tiene un Doctorado Honoris Causa por la UNAM (2011), una medalla por los 55 años de labor docente en la Facultad de Filosofía y Letras, además de haber impartido clases en Yale, Princeton, Harvard, entre otras universidades. Es miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua desde 1995, recibió el premio Sor Juana Inés de la Cruz en 2004, FIL de Literatura en Lenguas Romances en 2010; recientemente le otorgaron el Premio Alfonso Reyes, entregado por primera vez a una mujer, y en noviembre recibirá un Honoris Causa por la Universidad de Alicante. Ha publicado desde 1978 ensayo, crítica y narrativa. Su más reciente novela es Por breve herida (Sexto Piso, 2016) y está en proceso de terminar la siguiente. Es una figura clave en la academia y la literatura, y ha conocido de cerca a varios de los personajes del siglo XX que muchos hemos descubierto en libros.

Tiene una voz firme, segura, pausada, los labios pintados de rojo y una memoria prodigiosa. La segunda ocasión que la entrevisté, cuando habló de El espectador, una revista fundada en 1959 en el restaurante que tenían sus padres en la Zona Rosa, recordó sin esfuerzos los títulos y autores que más le interesaron en cada índice de los seis números que duró la publicación. Muchos de esos y otros detalles, por razones de espacio, quedaron al margen de esta entrevista que ocurrió en su sala, también llena de detalles que cuentan su historia desde otra perspectiva, como su colección de zapatos miniatura.

Es generosa y tiene una inteligencia tan aguda como su sentido del humor. Alguna vez alguien le preguntó si tal persona era más joven que ella: “Qué pregunta, a mi edad, todos son más jóvenes que yo”. Creo que eso podría resumir cómo lleva su edad con gracia. Tiene dos hijas, Alina, dedicada a la fotografía, y Renata, restauradora de arte. También es abuela de cuatro nietos y muy activa en redes sociales, especialmente en Twitter.

Al poco tiempo de su operación de corazón supe por un amigo que había salido con bien. La siguiente vez que la vi fue en el concierto de Patti Smith, en el Café La Habana, una noche increíble organizada por la galería Kurimanzutto. Cuando me acerqué a preguntarle cómo estaba, teniendo en mente que no hacía mucho había salido de la operación, me dijo: “Canta muy bien Patti Smith, ¿no te parece? Mis hijas se van a morir de la envidia cuando les cuente que vine.”

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