El final de una era
Alejandra Márquez Abella hace un retrato tenaz de la clase alta en Las niñas bien.
marzo 20, 2019

Para la joven potosina Alejandra Márquez Abella, hacer una adaptación cinematográfica del libro Las niñas bien —una compilación de textos sobre la vida de cuatro mujeres de clase alta en el México de finales de los años setenta y principios de los ochenta, escritos por Guadalupe Loaeza— era una oportunidad perfecta para hablar sobre uno de los grandes temas que le han interesado a lo largo de su filmografía: el fin de una realidad ficticia.

En Las niñas bien, presentada en el pasado Festival de Cine de Toronto, Márquez Abella plantea la historia de Sofía (la protagonista, interpretada por Ilse Salas), una mujer adinerada que disfruta de todos los privilegios que su clase le ofrece: el café con las amigas en el club; las fiestas de cumpleaños llenas de personajes que con copa en mano hablan sobre la realidad del país, o lo que ellos identifican como tal; las múltiples visitas a tiendas de lujo en las que siempre sale con una bolsa de compras; las mañanas en el spa y la casa en las Lomas de Chapultepec. Sin embargo, la cotidianidad de Sofía se ve comprometida cuando la realidad y la crisis económica desatada en el gobierno de José López Portillo irrumpen en su vida. 

Las niñas bien, Ilse Salas

Ilse Salas interpreta a Sofía, una “niña bien” que ve caer su mundo ficticio frente a sus ojos.

Para Márquez Abella, ése era uno de los puntos más interesantes de llevar las historias de Loaeza al cine: poder contar las desventuras de una clase privilegiada de una manera honesta y cercana, y, especialmente, sin hacerlo desde la comedia, como se ha acostumbrado en el cine nacional. “Sentía que había que cambiarle el tono. Mirarnos a los ojos y tomarnos más en serio. Ver, tratar de analizar qué es lo que pasa cuando la clase alta pierde el poder y el dinero, que es lo que en realidad los mueve. Pensar en cuál es el incentivo que tienen para aferrarse tanto a sus privilegios, por lo que hacerlo como una sátira le hubiera quitado toda la potencia que podía tener”, dice en entrevista con Gatopardo.

Así fue como la directora, asesorada por la autora y apoyada por sus productores, creó un guion en el que cuidó a sus personajes sin caer en el proteccionismo y los critica sin llegar a las descalificaciones gratuitas. Además, también exhibe las notables diferencias que existen entre los hombres y mujeres de la clase alta mexicana. Ellos, exitosos banqueros y empresarios que llevan el dinero a la casa; ellas, personajes secundarios cuyo poder se limita a organizar fiestas y lucir en los eventos sociales. Por ello, poner el reflector en las historias de estas “niñas bien” resultaba aún más interesante.

Las niñas bien, Guadalupe Loaeza

Las niñas bien está basada en los relatos de Guadalupe Loaeza, sobre cuatro mujeres de clase alta en México.

“Creo que en esta película se marca la noción del poder y el poder que tienen las mujeres. Siento que el de ellas se administra más por debajo de la mesa, en sutilezas, en códigos chiquitos”, menciona. “En la película eso es importante porque hablamos de mujeres muy poderosas en la teoría, pero muy oprimidas. Tratadas como infantes que no tienen voz ni una independencia, ni económica ni real, y que, al mismo tiempo, manipulan el mundo a través de sus maridos”.

En una de las escenas finales de la película, donde además participan las actrices Cassandra Ciangherotti, Paulina Gaitán y Johanna Murillo, la clase alta reacciona ante la llegada de un alto funcionario del gobierno a un restaurante de la ciudad. Chiflan, aplauden, abuchean desde la comodidad de sus asientos para poco después regresar a sus alimentos y continuar con su vida de privilegios. Ahí, ante la mirada absorta de Ilse Salas (en lo que podría ser su primer gran papel en cine), descubrimos que la mujer que protagoniza la cinta no es la misma que, tan sólo minutos antes, presumía sus fiestas con Julio Iglesias y sus vestidos comprados en el extranjero. Una mujer que había despertado después de ver su mundo ficticio caer frente a sus ojos.


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