OLIMPIA, un homenaje a los jóvenes de 1968
El director José Manuel Cravioto retrata la lucha del Movimiento de 1968.
julio 28, 2019

El primer acercamiento de José Manuel Cravioto con el Movimiento del 68 fue, como muchos, a través de la memoria de quienes dejaron testimonio de un episodio lamentable en la historia de México. En su caso, fue a través de La noche de Tlatelolco (1971) de Elena Poniatowska. De pequeño, el director mexicano gustaba de explorar los estantes de libros de su papá, fue ahí en donde llegó a la cruda imagen de un niño tendido en la Plaza de las Tres Culturas.

“Mi acercamiento con esa realidad fue a través de la imagen de un niño muerto, inmediatamente cuestioné lo que le había pasado, lo consulté a mis padres y ellos no estuvieron muy de acuerdo con que yo viera el libro, no creían que fuera adecuado para mi edad”, explica Cravioto, director de OLIMPIA (2018) en entrevista para Gatopardo.

Sin embargo, el tema se impregnó en él. Las dudas en torno a la matanza del 2 de octubre de 1968 siempre estuvieron presentes. En muchas ocasiones regresó al libro, pero por más que repasaba las líneas y las imágenes en la obra de Poniatowska, las dudas continuaban. “Por años fui haciendo una versión en la que no comprendía cómo era que aquello había terminado en masacre y fue entonces que me di cuenta que que el país tampoco sabía lo que había pasado, no había una sola explicación que definiera por qué todo había terminado en tragedia”, detalla.

Por años fui haciendo una versión en la que no comprendía cómo era que aquello había terminado en masacre y fue entonces que me di cuenta que que el país tampoco sabía lo que había pasado, no había una sola explicación que definiera por qué todo había terminado en tragedia” José Manuel Cravioto, director de OLIMPIA

Conforme pasó el tiempo, Cravioto comprendió que la lucha por los derechos civiles ese año llevó a miles de mexicanos a hacer frente al gobierno. “Es paradójico que a 50 años, esa misma lucha sigue presente en México, es darnos cuenta que seguimos un poco en lo mismo y eso es frustrante”, explica el director de OLIMPIA, la cinta con la que se propuso hacer homenaje a los miles de jóvenes que en 1968 salieron a las calles a pedir un México mejor. Sin embargo, con Gustavo Díaz Ordaz en la presidencia y con los Juego Olímpicos en puerta, la respuesta de las autoridades derivó en una completa masacre.

Motivado por homenajear a quienes durante días resistieron desde las dos universidades públicas más importantes del país, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el Instituto Politécnico Nacional (IPN), Cravioto decidió experimentar con la rotoscopia, una técnica que le permitió proyectar la emotividad necesaria para su proyecto, a pesar del limitado presupuesto. “Sabía a la perfección que la perfección a la que yo quería llegar, además de la precisión histórica y la energía, requerían de grandes fondos y llegar a ese tipo de presupuestos en México, es algo complicado”, explica.

La rotoscopia dotó a OLIMPIA de una cualidad muy especial, pues se convirtió en el primer largometraje mexicano en estar intervenido, en su totalidad, por esta técnica. Para lograr el proceso, José Manuel Cravioto contó con la colaboración de 120 estudiantes de la Facultad de Artes y Diseño de la UNAM.

OLIMPIA es la primera película mexicana en la historia en ser hecha 100% por rotoscopía. Para ello, 120 estudiantes de la Facultad de Artes y Diseño de la UNAM colaboraron en el proceso.

Sin embargo, partiendo de la filosofía de su proyecto, con el que intentaba hablar de los abusos del gobierno, consideró que buscar recursos públicos no era congruente, y más bien resolvió con la intervención de testimonios literarios, fotográficos y cinematográficos como El Grito (1968), la película clave para entender el Movimiento. Y es que el documental dirigido por Leobardo López Arretche fue referente para OLIMPIA. Recuerda Cravioto que cuando comenzó a estudiar en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC, hoy Escuela Nacional de Artes Cinematográficas), algunos de sus profesores habían sido parte del equipo que filmó El Grito, por lo que tuvo de primera mano el testimonio de la vida estudiantil de ese entonces.

“Poco a poco fui armando este rompecabezas y estando cercano el aniversario 50 [2018], quizá un par de años previos, decidí que quería hacer algo con todo lo que sabía del Movimiento”, dice José Manuel Cravioto. Fue así como surgió OLIMPIA, esta suerte de documental animado que narra la historia de Raquel, Rodolfo y Hernán, tres universitarios cuyas historias se entrelazan por el movimiento estudiantil durante 1968. La historia parte del día en que el Ejército violó la autonomía universitaria e ingresó a CU días previos a la matanza en Tlatelolco.

OLIMPIA de José Manuel Cravioto

Las historias a las que el director tuvo acceso a lo largo de su vida fueron pieza clave para la creación de sus personajes. Por ejemplo la de su propio padre. “Mi abuelo era general y mi papá me contó que en aquellos días, le prohibió salir de la casa, esa se convirtió en mi primera línea narrativa, el papá militar que percibía algo en el ambiente”, recuerda. Por otro lado, la clandestinidad a la que sus profesores del CUEC recurrieron para grabar las fuertes escenas de El Grito también están presentes en OLIMPIA y sobre todo, la presencia de una de las figuras icónicas de la resistencia de la época, la maestra y poeta uruguaya Alcira Soust, quien permaneció oculta durante quince días en un baño de la universidad.

Sin embargo, es verdad que la brújula emocional de la cinta recae en el poema de Elsa Cross, “A quien corresponda”, una obra a la que Cravioto llegó por casualidad cuando revisó un libro publicado por el Sindicato de Trabajadores de la UNAM sobre el 68. “El poema me conmovió tremendamente y supe que esa era mi película, esa era la película que yo quería hacer y decidí que quería meterlo porque sintetizaba el sentir que yo quería en la película”, señala. Además, poco después de encontrar el eje de OLIMPIA, el director descubrió que la autora que daría sentido total a su próxima cinta es su tía. “Elsa Cross es prima de mi mamá, yo no la conocía personalmente, sabía que era una poeta reconocida en México pero no llegué a pensar la coincidencia. Al final fue esta sorpresa de invitar a que ella misma hablara, tenerla a ella declamando el poema”.


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