Gerardo Estrada: sobreviviente de la matanza de Tlatelolco - Gatopardo

Voces de 1968

A 50 años de la matanza de Tlatelolco, Gerardo Estrada nos da su testimonio de aquella oscura tarde.

Tiempo de lectura: 6 minutos

Cuando Gerardo Estrada habla sobre el 2 de octubre, lo hace con palabras y gestos de esos que añaden más a la conversación que la voz, como si en sus ojos o en sus manos se proyectara una película completa. Mientras toma un café en la sala de su casa, ubicada en el tranquilo barrio de Santa Catarina, al sur de la Ciudad de México, cuenta que hace 50 años cuando vio las luces de bengala y escuchó los helicópteros pasar por encima de su cabeza en la plaza de Tlatelolco —ese presagio de la tragedia que aparece descrito en libros, películas, reportajes y series— él no supo leer lo qué estaba pasando. Tampoco tuvo claro que pasó cuando escuchó las primeras balas. “Yo estuve ahí en la Plaza de las Tres Culturas el 2 de octubre, pero también estuve en la marcha de julio y el 28 de agosto; luego en  la Manifestación del Silencio y en la toma de Rectoría. Yo viví el 68 de cerca”, dice.

En ese emblemático año Gerardo Estrada tenía tan sólo 22 años y era estudiante de Sociología. Con claridad recuerda y parece revivirlo mientras lo describe, cómo es que esa tarde del 2 de octubre se le erizaron los vellos de la nuca cuando la plaza se convirtió en un mar de gente corriendo.  Un mar de gente corriendo por su vida. Quizá por instinto, él también corrió. Cuenta que  un soldado con una bayoneta en las manos, con toda la pinta de ser el enemigo, le dijo: “corre, sálganse de aquí”.

Gerardo corrió tanto y tan rápido esa tarde que en medio de aquel caos alcanzó a esconderse dentro de uno de los 11, 916 departamentos que conformaban en 1968 el Conjunto Habitacional Nonoalco. Con una pequeña carcajada, que no es precisamente de felicidad. vuelve a aquel momento que quizás le salvó la vida. “Alguien me abrió la puerta y desde ahí presencié unas escenas como de la película Rojo Amanecer”. No dice más, es un tema que le ha costado superar. 

Esa noche, según lo reportado por algunos medios extranjeros y el propio Octavio Paz,  la cifra de muertos —que aún no es precisa—  alcanzó las 350 personas. Además, mil 350 personas fueron detenidas arbitrariamente. Solo por protestar. Solo por disentir.

Hace una semana Jaime Rochín director de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas reconoció que la masacre de Tlatelolco, donde participó el ejército, la policía y grupos paramilitares como el Batallón Olimpia, fue un crimen de Estado. Este órgano se convirtió —más vale tarde que nunca— en la primer institución gubernamental del país en aceptar las violaciones de derechos humanos de esa noche.

Gerardo Estrada, 4

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