Wanda Jackson, la reina del rockabilly
Una vida rompiendo reglas.
octubre 22, 2019

Wanda Jackson estaba cansada, pero no estaba dormida. Solo pretendía dormitar a la mitad del asiento de su Pontiac Star Chief. Era 1956 y Wanda iba y venía de giras, trasnochaba en largas cenas, dormía en moteles y escribía música. Wanda empezó a cantar a los 14 años de edad; su padre era su manager, su chofer y su chaperón en todas las giras. Fue también su maestro de guitarra y su mejor amigo y su protector.

“Wanda, ¿me escuchaste? Si te sientes cansada puedes pasarte al asiento trasero, donde tendrás más espacio”, le insistía su padre mientras la veía dormir.

Junto a ella viajaba, como siempre, algún músico que los acompañaba en la gira. Esta vez era uno joven y muy guapo que encabezaba el tour, se llamaba Elvis Presley. Wanda solía recostarse en el hombro de quien estuviera a su lado durante estos largos trayectos, pero su padre no lo toleró esta vez. “¡Wanda!”, le gritó otra vez, y ella tuvo que fingir despertar de un sobresalto y que no sabía de qué se trataba el regaño.

“Cariño, creo que es hora de detenernos para que te pases atrás”.

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“Había un fuego que me quemaba los huesos cuando se trataba de hacer música. Nadie podía detenerme”, escribió Jackson en su memoria. Ella fue la reina del rockabilly y la única mujer que figuraba en el club masculino del rock and roll de los años sesenta.

Wanda nació el 20 de octubre de 1937 en el poblado de Maud, Oklahoma. Su padre era un músico de pasatiempo y saltaba entre trabajos, mientras que su madre conseguía empleos temporales para sostener a la familia. Ella era hija única y siempre hacía equipo con su padre, quien le enseñó a tocar la guitarra y la motivó a estudiar piano.

A los catorce años ganó un concurso que le abrió un espacio para cantar en vivo en la radio. Su ídolo de la música country, Hank Thompson, la escuchó y la invitó a acompañarlo en el escenario . Su primer éxito fue “You can’t have my love”, que era country puro. A su corta edad, la voz de Wanda, gruesa y rasposa, ya era difícil de olvidar.

En sus primeras presentaciones Wanda Jackson salió al escenario con el típico traje de cantante country: faldas largas y holgadas, camisas y botas vaqueras. A ella no le gustaba el look, pues sentía que no le favorecía, al ser baja de estatura. Su madre comenzó a confeccionarle vestuarios a la medida, que redujeron el largo y ancho de las faldas, hasta dejarlas con forma de lápiz, acentuando la cintura y la cadera de la cantante. Ella fue quien definió el estilo de rockabilly que muchas adolescentes comenzaron a imitar.

Wanda ya no era una niña y salía al escenario en la misma gira que Elvis Presley, Jerry Lee Lewis, Johnny Cash o Buddy Holly.

Aunque ella y Elvis, que eventualmente se hicieron novios, empezaron sus carreras al mismo tiempo e hicieron varias giras juntos, la de él crecía como la espuma.

Su padre no estaba feliz con ese noviazgo, pero no había muchas maneras de impedirlo, pues Presley persuadió a Wanda de dejar el country por el blues y el rock and roll.

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Al final de los años cincuenta, Wanda y sus padres tenían claro que ella era una chica muy distinta a la mayoría. Había dejado la preparatoria y aún dentro de la industria de la música, no era como otras cantantes de la época. De voz gruesa y potente, parecía gruñir sus canciones, a pesar de que cantaba temas bailables como “Fujiyama Mama”, de 1957 y que la llevó al estrellato en Japón, aunque pasó desapercibida en Estados Unidos.

Jackson enardecía al público joven con su voz, e imitaba con éxito los movimientos de cadera de Elvis, que provocaban furor y críticas tanto en él como en ella. Era como si el rock hubiera estado esperando por su voz rasposa, que quedaba muy bien con el género de los chicos malos, pero también con el country. Wanda Jackson se afianzó en el género con el sencillo “Let’s Have a Party”.

La escena del country y muchos conservadores no estaban de acuerdo en que Wanda tocara rock and roll. “No iban a aceptar a una adolescente, vestida como me vestía y cantando esta música diabólica, como la llamaban. Ahora se escucha muy inocente, ¿no?”, recordó Wanda Jackson en una entrevista con el Instituto Smithsoniano en 2008.

Su papá la alentaba a ser diferente, pero al mismo tiempo la restringía de ciertas cosas bajo el argumento de que debía comportarse como una dama. Por ejemplo, nunca habría permitido que ella se fuera sola de gira, no en los años cincuenta. A pesar de todo, ella era percibida como una mujer fuerte y salvaje.

“Podías escaparte y hacer cosas locas, siempre y cuando lo hicieras como una dama. Y eso fue exactamente lo que hice. Era una pequeña señorita, pero ardiente”, escribe Wanda en sus memorias, sobre aquellos años que pasó tocando la guitarra con el cabello amarrado, un fleco de pinup, faldas pegadas y movimientos de cadera que ponían a todos a bailar.

Aunque su relación con Elvis no funcionó, ella siguió cantando rockabiily y cada tanto alternó exitosamente en el country.

En la década de los setenta, tras convertirse en cristiana, se avocó al gospel y en los ochenta su carrera resurgió junto a su estilo oscuro con el disco Rock n Roll Away Your Blues. Al casarse con Wendell Goodman, él tomó las responsabilidades de su padre como manager y chofer. Ella tuvo que preocuparse únicamente por su música.

Aunque alcanzó a llegar a las listas de popularidad, e incluso a superar a Elvis Presley, mantenerse en los rankings dominados por hombres como Dean Martin, Jerry Lee Lewis y Sam Cooke, era muy difícil.

La música de Wanda comenzó a ser reconocida por bandas de punk como The Clash y The Cramps, sin abandonar al público country cristiano.

En 2009 Wanda Jackson entró al Salón de la Fama del Rock and Roll y sus canciones siguen poniendo a bailar a cualquiera.


 

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