Embajadora en acción. Lady Gaga en Las Vegas
De la mano de Tudor, la prestigiosa marca suiza, vivimos una experiencia con Lady Gaga.
septiembre 26, 2019

A Lady Gaga le gustaría que la recordaran como alguien valiente que no tuvo miedo de decir lo que pensaba. Así lo expresa en el salón del Waldorf Astoria, en la ciudad de Las Vegas, enfundada de negro con un esmoquin de pantalón, camisa y saco Celine, y unos altísimos tacones negros, adornada con un chongo perfectamente recogido y con toda la actitud cuando da cada paso. Posee una seguridad al hablar que refleja que tiene todo claro en su mente: un discurso enfocado en la compasión, inclusión y respeto para generar cambios en el mundo a través de su talento.

Es la primera vez que da una conferencia de prensa para hablar de su relación con Tudor, la marca relojera suiza que la escogió como embajadora para la campaña Born to Dare, ya que la artista representa los valores de innovación y creatividad con los que la marca diseña sus nuevas colecciones. 

Gaga tiene una voz privilegiada y busca contar historias de manera cada vez más creativa. “Dios me dio un regalo y tengo la audacia de compartirlo con el mundo”, dice. Y es que este año ha sido muy importante en su carrera porque ganó muchos premios: un Oscar, un Bafta, un Grammy y un Golden Globe. Con la película A Star is Born estuvo nominada como Mejor Actriz y el sencillo “Shallow” se ha convertido en uno de los más escuchados. “Todavía no acabo de digerir todo esto. Tengo los premios en el pasillo de mi cocina y de vez en cuando volteo a verlos y digo, okay, hice todo esto”.

Está terminando una temporada en Las Vegas. Muchos cantantes pop se presentan en esta ciudad cuando su carrera va en declive mientras que Gaga quiere hacer historia con sus conciertos. Convenció al equipo de MGM de hacer dos tipos de conciertos: uno de pop, por lo que es más conocida, y uno de jazz, el género que ha cantado desde los catorce años. Los ejecutivos del grupo hotelero no estaban seguros de este último, pero ella los convenció de creer. “El concierto de jazz fue un sold out antes que el de pop”, dice con orgullo sobre su show Jazz & Piano.

El modelo Black Bay 36 ejemplifica a la perfección la innovación y la creatividad de Tudor. 

Su proceso creativo involucra siempre a sus amigos y a personas que respeta mucho para poder lograr diferentes y mejores resultados. Tiene un colectivo que se llama Haus of Gaga con el que trabaja todos sus proyectos. Su proceso cambia cada vez. A veces empieza con un tema, otras veces escribe poesía, o surge algún suceso en su vida que se convierte en la letra de su próxima canción.

El concierto de jazz es imponente en el Park Theater al interior del Park MGM. La voz de Gaga tiene una tesitura que recuerda a las grandes cantantes del género. “Les tengo una sorpresa”, dice, “aquí está Tony Bennett para cantar conmigo”. Bennett es uno de sus ídolos, lo conoció hace unos años y él le propuso hacer juntos un disco de jazz, que fue muy exitoso. Él tiene casi 93 años y sigue amando los escenarios. Su expresión se ilumina cuando empieza a cantar “Cheek to Cheek”. Gaga dice que Bennett le dio la misión de seguir promoviendo el jazz y que ella va a llevar esa antorcha lo más lejos que pueda.

Frente a una orquesta de más de treinta músicos y un escenario que cambia de color con tiras de cristal que brillan todo el tiempo al ritmo de las luces, se ve a Gaga usar vestidos contundentes, con esencia de los años cincuenta. Recuerda a Marilyn Monroe de repente, pero luego se convierte en Edith Piaf cantando “La Vie en Rose”, y luego interpreta sus canciones “Born This Way” y “Paparazzi” con arreglos de jazz. La gente aplaude sin parar y se levanta casi al final de cada canción en este foro de cinco mil personas donde el día anterior se presentó con Enigma, su show de pop. Gaga cierra con “New York, New York”, la canción de su ciudad.

La cantante, que firmó contrato con Tudor en 2017, lleva el nuevo modelo de Black Bay 36 con carátula negra y oro amarillo.

La creación de Enigma sucedió durante la awards season, entre noviembre y febrero. Este show presenta una visión futurista en donde un personaje animado con todas las características de Gaga va narrando la historia. Sus grandes éxitos como “Telephone”, “Poker Face” y “Alejandro” van entrelazándose en una historia que no tiene límites de producción: diversos tipos de luces, bailarines con toda la energía, un vestuario que cambia cada canción, un teclado circular con una presencia prioritaria en el escenario y unos guitarristas de rock que no paran de tocar. La energía de la audiencia impresiona, todos cantan y bailan. Es imposible no notar que muchos se vistieron como Gaga para ir al concierto. Pelucas de colores, medias de red, muchas plataformas y chamarras de piel. 

Entre canciones, Gaga cuenta historias para conectar con su audiencia, y no para de decirles cuánto los quiere. Incluso sube al escenario a una fan de Australia que le escribió para contarle que iría a varios de sus conciertos y que su mayor sueño sería tocar el piano en el escenario con ella. “Tienes unas uñas muy largas para tocar piano”, la regaña un poco, mientras tocan juntas.

El reloj Tudor favorito de Gaga es Clair de Rose porque le recuerda que es compositora y que una de sus canciones favoritas es “La Vie en Rose”. Tiene una muñeca muy finita, así que los relojes pequeños le funcionan bien aunque también le gusta usar muchos relojes sobrepuestos. 

Tudor es una marca suiza con mucha tradición, pero con un espíritu de innovación y con un enfoque implacable. Desde 2017 firmó este contrato con Lady Gaga y su relación ha sido de admiración mutua. El espíritu Born to Dare se manifiesta todo el tiempo en esta colaboración: desde la selección de Mark Romanek para crear su primera sesión fotográfica con la marca, hasta su apoyo incondicional en todos sus conciertos. “La gente de Tudor ha sido realmente amable. Son los que más han venido a mis conciertos y siempre me felicitan. Nunca han puesto condiciones y solamente admiran lo que hago”, concluye este ícono.

Fotografía de Kevin Mazur/Getty Images para Park MGM Las Vegas. / Retratos cortesía de Tudor.

 


 

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