Mañana, tarde y noche en Madrid

La capital española es una de las ciudades más encantadoras. Su mezcla ecléctica de rebeldía y tradición crea una atmósfera ideal para pasar un gran momento en sus diversos barrios. Aquí una recomendación de un día completo en Madrid.

Mañana: arte extramuros

Con todo y su impresionante sede en el antiguo hospital de San Carlos —ampliado por Jean Nouvel en 2005—, el Centro Nacional de Arte Reina Sofía gestiona dos pequeños palacios en el parque del Retiro: el de Velázquez y el de Cristal. Ambos se construyeron a finales del siglo XIX para albergar pabellones de ferias universales. Hoy ofrecen experiencias de arte contemporáneo de primer nivel. Éstos están abiertos hasta la diez de la noche, son gratuitos y están en medio del parque. Nada lejos de ahí, el Museo del Prado ha consolidado con los años un pequeño barrio en torno a sí mismo. Desde su fundación en 1819, el museo más conocido de toda España no ha dejado de crecer. Su ampliación más importante es aquella que terminó el arquitecto Rafael Moneo en 2007. Con el objetivo de mejorar la recepción y el flujo de los más de dos millones de visitantes que todos los años lo visitan, Moneo creó un pequeño anexo al histórico edificio del Prado  para alojar las taquillas, la tienda, el café y los servicios. Además, rehabilitó —y forró con un cubo de ladrillo rojo— el antiguo claustro de los Jerónimos al otro lado de la calle, para así crear un nuevo espacio exclusivo para las muestras temporales del museo. El siguiente paso de la expansión contempla la rehabilitación del Salón de Reinos por Sir Norman Foster. El arquitecto inglés será el encargado de devolverle a este edificio el esplendor que tuvo en tiempos del rey Felipe iv. Si todo sale bien, los retratos ecuestres que Velázquez hizo de la familia real, así como los Trabajos de Hércules de Zurbarán y 12 cuadros monumentales de batallas, volverán a adornar los muros de este palacete en 2024.

Tarde: cocinas con historia

En Casa Botín han encendido el mismo horno de leña de piedra desde 1725. Cuando comenzó a servir, la Plaza Mayor estaba fuera de Madrid. Aquí llegaron cansados y hambreados muchos viajeros que venían a visitar la antigua villa, a comerse un cochinillo y pasar la noche. Hoy siguen llegando. Muy cerca hay otro mesón centenario: el antiguo Segoviano, actual Casa Lucio. Aquí, como se sabe, lo que se pide son los huevos rotos —o estrellados— con papas fritas. Estos huevos tienen el poder de convertir a los que odian los huevos. Casa Salvador tiene apenas 78 años sirviendo platillos caseros como el panaché de verduras o la merluza rebozada. Con sus manteles a cuadros rojiblancos y sus paredes tapizadas con fotos y carteles de toreros, cualquiera diría que estamos comiendo en Madrid. Y pues sí.

Palacio de cristal

Palacio de cristal, Madrid.

Casa Botín
Calle de Cuchilleros 17, Sol.
Lunes a domingo de 13:00 a 16:00 y de 20:00 a 24:00.

Casa Lucio
Calle de la Cava Baja 35, Austrias.
Lunes a domingo de 13:00 a 16:00 y de 20:30 a 24:00.

Casa Salvador
Calle de Barbieri 12, Chueca.
Martes a sábado de 13:30 a 16:00 y de 20:30 a 23:30; lunes hasta las 16:00.

Noche: de la generación del 98 al Don Cipote de la Manga

El Imparcial fue el primer periódico moderno de España. Lo fundó Eduardo Gasset y Artime, abuelo del filósofo y escritor José Ortega y Gasset, en 1867. El diario fue muy influyente, ya que, a diferencia de los panfletos partidistas de la época, logró mantener una línea informativa liberal y neutral. Junto con grandes redactores políticos, por sus páginas pasaron los escritores de la generación del 98 (como Azorín, Pío Baroja, Leopoldo Alas “Clarín”, Ramón María del Valle-Inclán y Miguel de Unamuno). A principios de 1900, el periódico se mudó al edificio neoclásico proyectado por el arquitecto Daniel Zavala Álvarez en la calle Duque de Alba, a un costado de la plaza Tirso de Molina. Para entonces, El Imparcial estaba decaído: desapareció en 1933, entre vaivenes políticos. Hoy, El Imparcial alberga una minúscula tienda con una cuidada selección de revistas, un salón de exposiciones y uno de los comedores más coquetos de la ciudad —además de una carta digna de atención, a precios accesibles—. En el mismo inmueble se encuentra uno de los espacios de ocio más sui generis de Madrid: la Sala Equis. Cuando cerró el periódico, el patio de imprenta se convirtió en el cine Alba, que después, en la década de los ochenta, fue cine porno. En 2015 era la última sala X que quedaba en el centro de Madrid. Fue entonces cuando el despacho Plantea reinventó el espacio como sala de proyecciones, espacio cultural multiusos y bar. Si bien se presta para el moderneo, la Sala Equis no reniega de su pasado cochinón. En la taquilla de entrada la cartelera anuncia la última peli impúdica que se proyectó aquí (Don Cipote de la Manga). Las paredes están adornadas con carteles del “cine de destape” español de los setenta. Regularmente, programan ciclos de cine que rompen tabúes, eventos de cabaret y sesiones picarescas de poesía. Todo bañado de luz roja.

El Imparcial
Calle del Duque de Alba 4, el Rastro.
Lunes a jueves de 12:00 a 1:00; viernes y sábados hasta las 2:30; domingos a partir de las 10:00.

Sala Equis
Calle del Duque de Alba 4, el Rastro.
Domingo a jueves de 12:00 a 1:00; viernes y sábados hasta las 2:30.

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