A tres años del primer “sí” al Brexit, aún no hay acuerdo
La nueva fecha para la salida de la UE se aplazó tres meses más
octubre 30, 2019

Junio de 2016. La población del Reino Unido se dividió. El 51.9 por ciento de los británicos votó por salirse de la Unión Europea (UE), a la que pertenecen desde hace 46 años. En el extremo opuesto, 48.1 por ciento prefirió permanecer. Los votos de la periferia de Londres tenían una tendencia separatista, mientras que la metrópoli votó por quedarse en el organismo que reúne a 26 países más. David Cameron dejó en octubre de ese año su puesto como Primer Ministro para elegir a un “Primer Ministro del Brexit”, que en este caso, fue una mujer: Theresa May.

En marzo de 2017, el gobierno de May aprobó junto al Parlamento Británico que el país dejara la Unión Europea en un lapso de dos años. Paradójicamente, May había votado por permanecer en la Unión Europea previo al referéndum, pero al convertirse en la Primera Ministra del Brexit, se comprometió a concretar la salida del Reino Unido con su famosa frase: “Brexit significa Brexit”.

Durante el resto de ese año, el Reino Unido se preparó para hacer los ajustes correspondientes en temas monetarios, migratorios y de fronteras. Las prioridades se centraron en cuestiones monetarias correspondientes a la deuda que mantiene con la Unión Europea. Otro punto importante fue definir el estatus migratorio de los ciudadanos del bloque europeo en el Reino Unido y viceversa, pues entre países de la Unión, los residentes pueden trasladarse libremente entre los países miembros para vivir, trabajar, estudiar, buscar trabajo o jubilación. Y finalmente, quizás el tema más delicado, era dialogar por un tratado que evitara la frontera “dura” con la República de Irlanda.

El último punto es relevante tras un esfuerzo de décadas para mantener una frontera sin barreras físicas entre la República de Irlanda e Irlanda del Norte, que pertenece a la Unión Europea. Poco esperaban en el Reino Unido, formado por Irlanda del Norte, Escocia, Gales, e Inglaterra, que esa última condición significaría la caída de May y los problemas consecuentes, pues aún dejando la UE Irlanda del Norte tendría que seguir acatando algunas reglas de la Unión, como lo hace también la República de Irlanda, para no regresar a una frontera hostil.

Theresa May, ex-primer ministra

David Cameron dejó en octubre de ese año su puesto como Primer Ministro para elegir a un “Primer Ministro del Brexit”, que en este caso, fue una mujer: Theresa May.

Desde hace siglos el conflicto armado entre las dos Irlandas se debe a la riña entre católicos y protestantes, por lo que Irlanda del Norte permaneció como parte del Reino Unido y la República de Irlanda declaró su independencia en 1919. Posteriormente la República de Irlanda se adscribió a la Unión Europea y hasta 1998, el Reino Unido logró establecer un acuerdo de paz en la frontera de las dos Irlandas, permitiendo el tránsito libre en ambos territorios.

En junio de 2018 el Parlamento aprobó el Acta de Retiro y en él se estableció que las leyes existentes de la UE en Reino Unido se convirtieran en las leyes del país, pero que el organismo no pudiera crear futuras leyes para el Reino Unido.

La UE aceptó un borrador de 585 páginas en 2018 para el acuerdo. Sin embargo, la propuesta presentada por May había sido rechazada por la mayoría de los miembros del parlamento británico. La hostilidad hacia May creció, e incluso el Presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, sugirió que lo más fácil para Reino Unido sería permanecer en el bloque. La falta de acuerdo en el parlamento provocó retrasos en el proceso, que llegaron hasta el día propuesto por la misma May: marzo 29 de 2019.

Ese día, establecido para la partida final de la Unión Europea, el Parlamento del Reino Unido votó por tercera vez contra la propuesta de May, lo cual molestó al partido conservador, al que ella pertenecía. Aunque tuvo el 12 de abril como una nueva fecha límite, la Unión Europea y el Reino Unido acordaron que harían una extensión “flexible” hasta el 31 de octubre, pero tendrían que llamar a elecciones en mayo por la falta de acuerdo en el Parlamento y por ende, en torno al Brexit.

El siguiente paso fatal de May, que no dejaba de ser coherente, fue proponer un segundo referéndum sobre el Brexit, y eso enojó una vez más a los conservadores. Sin segundo referéndum, ni apoyo de su partido, Theresa May renunció el 7 de junio de 2019.

En julio, el conservador Boris Johnson fue nombrado Primer Ministro y se comprometió a cumplir con la fecha límite del Brexit, el 31 de octubre de 2019, con el lema “do or die (hacerlo o morir)”.

Ante las persistentes negativas de los diputados del Reino Unido, Boris Johnson apeló a la reina Isabel II para que suspendiera las actividades del parlamento entre el 10 de septiembre y el 15 de octubre y así lograr el Brexit en la fecha prometida, aún sin el acuerdo parlamentario. Esa decisión provocó el malestar de los británicos y de la Corte Suprema del Reino Unido, que consideró el acto ilegítimo, nulo y sin efectos.

Protestas Brexit Inglaterra

En junio de 2018 el Parlamento aprobó el Acta de Retiro y en él se estableció que las leyes existentes de la UE en Reino Unido se convirtieran en las leyes del país, pero que el organismo no pudiera crear futuras leyes para el Reino Unido.

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Desde hace 3 años la política interna de Reino Unido es inestable, explica en entrevista con Gatopardo Christel Bade, doctora en Relaciones Internacionales e Integración Europea por la Universidad Autónoma de Barcelona.

“Reino Unido se encuentra en un momento político preocupante, está en un momento de inestabilidad política. Lleva varios años así desde el referéndum. Una de las razones por las que David Cameron ofreció hacerlo fue para consolidarse en el poder y le salió mal la jugada”, dice la también maestra en Estudios Europeos por la Rheinische Friedrich-Wilhelms-Universität Bonn.

A pesar de las trabas en el Parlamento Británico, Bledel opina que no es un tema exclusivamente legislativo, sino una lucha de poder político.

“Lo que sí es que hay muchos arrepentidos, se puede ver en encuestas, redes sociales y entrevistas. Se debe a que no entendieron en su momento qué significaba Brexit. La mayoría de los arrepentidos son jóvenes que no participaron en el referéndum, pero quieren permanecer en la Unión Europea”, dice Christel Bade, también directora de carrera de Relaciones Internacionales en el Tecnológico de Monterrey campus Estado de México.

Reino Unido no saldrá del bloque hasta el 31 de enero, pues la UE lo acordó así en vísperas de la fecha prometida en octubre. Por otro lado, el Parlamento Británico no ratificó el acuerdo de Boris Johnson luego de que los miembros del parlamento votaran por la Ley Benn, una reforma que exhortaba a Johnson a buscar una extensión a proceso rumbo al Brexit si no se aprobaba el acuerdo en el Parlamento Británico. Al haberse quedado sin más opciones para negociar, Boris Johnson tuvo que solicitar la extensión de tiempo a la Unión Europea.

Los británicos protestaron afuera de la casa del Primer Ministro en Downing Street y del Parlamento Británico para exigir un segundo referéndum.

A pesar de ello, el Brexit podría suceder antes del 31 de enero, si es que se alcanza un acuerdo en el Parlamento, que aprobó este martes 29 el plan del primer ministro, Boris Johnson, de anticipar las elecciones generales para el 12 de diciembre.

Boris Johnson, primer ministro de Inglaterra

A pesar de ello, el Brexit podría suceder antes del 31 de enero, si es que se alcanza un acuerdo en el Parlamento, que aprobó este martes 29 el plan del primer ministro, Boris Johnson, de anticipar las elecciones generales para el 12 de diciembre.

¿Qué pasa después?

La aprobación de un segundo referéndum podría tomar más de cinco meses, pues el proceso debe ser aprobado por una mayoría de los miembros del parlamento y miembros de la Cámara de los Lores para preparar la campaña y los comicios.

En caso de que el Parlamento Británico pase antes o el 31 de enero la propuesta de Boris Johnson, la Unión Europea debe ratificar el acuerdo. Christel Bade dice que las advertencias sobre el caos y el desplome de la economía del Reino Unido están infundadas, aunque sí se esperaría un impacto económico global a largo plazo.

La académica explica que, una vez que se ratifique el acuerdo del Brexit en el Parlamento Británico, será turno del parlamento europeo de hacer lo mismo con una limitada posibilidad de que sea reachazado. “La Unión Europea ha sido muy clara al decir que no van a opinar sobre el tema, hasta que se alcance un acuerdo en el parlamento británico”, dice.

Por su parte, los gobiernos de los 26 países restantes de la UE se han inconformado por los retrasos en el proceso.

Algunos líderes políticos ven como ventaja al Brexit, pues creen que podrán aprobar con mayor facilidad algunas políticas que los británicos siempre han bloqueado, como iniciativas monetarias y de libre movilidad.

“Se habla de una fragilidad de la UE o sobre una supuesta desaparición, pero si se revisa la historia, la UE se ha construido a partir de las crisis y siempre sale reforzada. Eso no significa que estemos en el escenario ideal, sobre todo a causa de las corrientes neoconservadoras, populistas y xenófobas, que, aunque están en todo el mundo, habrá que observarlas en la Unión”, advierte Bade.

El pasado 22 de octubre, el ex presidente de la comisión europea, Jean-Claude Juncker dijo que el Brexit ha sido “una pérdida de tiempo y de energía”. Juncker, que deberá dejar el puesto a finales de noviembre, se mostró inconforme de haber invertido tanto tiempo en el trato, a lo largo de sus cinco años de labores. Ahora, Ursula Von der Leyen será la comisionada a cargo, luego de ser electa en julio como la primera mujer en esa posición.

Los antibrexit y los que están a favor coinciden en que lo más conveniente para el resto de la UE es esperar a la aprobación del acuerdo del Parlamento Británico, sobre todo por el tema de la “frontera dura” con Irlanda.


 

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