La persecución contra la activista Kenia Hernández - Gatopardo

La persecución contra la activista Kenia Hernández

Kenia, de 31 años, es indígena amuzga y nació en el municipio de Xochistlahuaca, Guerrero. Es abogada, feminista y defensora de derechos humanos, pueblos indígenas, presos políticos y víctimas de violencia de género. Lleva cinco meses recluida en un penal de máxima seguridad.

Sus compañeros de lucha describen a Kenia Hernández como una mujer propositiva y enérgica ante los problemas. En lo que más coinciden es en su capacidad para poner a los demás antes que a ella misma. En las fotografías que circulan en redes sociales para exigir su libertad, se aprecia su vínculo con las tejedoras de huipiles amuzgos; siempre va vestida con bordados de colores, erguida y orgullosa, sonriente.

Yaneli Flores, quien ahora es parte del Colectivo Zapata Vive, coordinado por Kenia, dice que comenzó a escuchar sobre ella en 2015, cuando trabajaba como reportera en Diario Alternativo, un medio guerrerense. Se acercó a ella dos años después porque en Ometepec se declaró la Alerta por Violencia de Género.

“Inspiraba respeto y yo me sentía hasta intimidada de hablar con ella porque a lo mejor mis preguntas no iban a ser las mejores o se iban a quedar muy cortas, y ella ya hablaba un tanto como feminista”, cuenta sobre su primera impresión. Durante su defensa de los derechos de los pueblos originarios de Guerrero, Kenia dejó claro ante varios funcionarios que el machismo que acecha a las mujeres indígenas debe ser erradicado. Dice Yaneli que este discurso disruptivo le costó varios enemigos.

Kenia y Yaneli se hicieron más cercanas cuando descubrieron que comparten agresores. En 2017 Yaneli recibió amenazas de un grupo armado por su labor periodística; Kenia también, por su trabajo como activista: “Yo siempre he creído en ella, como cuando surgió todo su problema allá en la Costa Chica, que tuvo amenazas”.

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