Cinco testimonios de víctimas a un año del #MeTooEscritoresMexicanos

A un año del #MeTooEscritoresMexicanos

A un año de distancia, cinco mujeres que denunciaron escritores por acoso, reflexionan sobre lo que significó para ellas formar parte de esta cadena y nos cuentan qué ha cambiado, o no, tras el fenómeno #MeToo México.

La semana del 23 de marzo de 2019 miles de usuarias en Internet se sumaron al movimiento #MeToo después de que un grupo de por lo menos 10 mujeres denunciaran al escritor Herson Barona en redes sociales como un agresor de mujeres.

Tras la primera denuncia, se unieron otras varias que fueron víctimas de violencia infligida por el mismo escritor y a partir de ahí, la impunidad que vivían miles de mujeres se desbordó en Twitter. Las denuncias anónimas que más resonaron fueron las de “MeToo Agencias de publicidad”, con 600 denuncias, seguido por el “MeToo Académicos”, con 350 denuncias, “MeToo Periodistas Mexicanos”,con 250; “MeToo Escritores Mexicanos”, con 194 denuncias; “MeToo Teatro”, “MeToo Música”, “Me Too Artes”, Creativos, Activistas, UNAM, del gremio de danza. En fin, la lista se volvió interminable. 

A un año de lo sucedido, cinco mujeres que denunciaron escritores reflexionan en entrevista sobre lo que significó para ellas formar parte de esta cadena de denuncias públicas y qué ha cambiado -o no- tras el fenómeno #MeToo México.

“Lo hice para alertar a otras mujeres”.

Yeni Rueda López era asistente editorial en la Secretaría de Cultura cuando ex jefe, un coordinador editorial la acosó en 2013. Hablar públicamente de ese episodio le trajo más conflictos, relata, porque quienes eran cercanos mutuos se pusieron del lado del agresor y la revictimizaron.

Al ver esa reacción, Yeni no esperaba que otras cuatro mujeres la contactaran para decirle que habían vivido violencia por parte de ese mismo hombre y con el paso de los días las denuncias siguieron aumentando.

“Éramos como siete u ocho mujeres denunciando al mismo hombre”, dice en entrevista con Gatopardo.

Como editora independiente pidió no tratar directamente con él cuando tuviera que hacer trámites o colaboraciones con el departamento editorial, aunque todavía lo veía porque era inevitable.

“De parte de él yo no esperaba nada, lo hice para alertar a otras mujeres. Denuncié para advertir que lo que estaba pasando era peligroso, pensando en el programa que se implementó para ofrecer empleo a becarios y que ninguna otra chica tuviera que pasar lo mismo que yo”.

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“No queríamos que estuviera en contacto con más alumnas”.

La escritora, actriz y directora de escena, Martha Mega, consideró borrar su señalamiento público en Twitter porque el agresor al que denunció respondió con una publicación en la exhibió la intimidad de ambos. Martha pasó momentos de mucho estrés, pero poco tiempo después dos mujeres más denunciaron al mismo hombre por violación y violencia.

Martha entró en contacto con otras exparejas del agresor y al final ya eran seis mujeres dispuestas a denunciar violencia por parte del mismo hombre. Juntas redactaron una carta a la universidad de Canadá, donde trabajaba su agresor, para explicar que el hombre no se conducía de un modo precisamente profesional. La universidad respondió favorablemente al decirles que la institución tomaba con seriedad los señalamientos, sin embargo, no supieron que decisión tomó la facultad, si es que tomaron alguna.

“Lo único que nosotros queríamos era que no estuviera en contacto con más alumnas”, declara Martha en entrevista. El asunto para ella no acabó ahí, padeció ansiedad durante los días siguientes y tuvo que alejarse de las redes sociales por temor a encontrarse con el agresor en línea. Ese pánico se trasladó al plano físico cuando se enteró que el hombre iba a estar en la misma ciudad que ella.

Sus temores se exacerbaron luego del suicidio de Armando Vega Gil, al ver la forma en que los usuarios de redes sociales y figuras pública juzgaron a la mujer que denunció públicamente al músico.

Pero Martha había vivido un episodio similar de adolescente con Vega Gil y decidió compartirlo.

Tras señalar que ella también había sido víctima de acoso sexual por parte del músico, cuando era menor de edad, una amiga cercana de Armando, la atacó públicamente.

“Me dijo que yo nada más quería ganar fama y que era una asesina, cosas así. A mí me pesó leer eso, porque era una mujer que yo admiraba”, comenta Martha.

Ese 2019, ella aplicó para la beca del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA) en poesía, pero no resultó ganadora. En el jurado estaba esa mujer, que también es poeta. Dos hombres señalados en el #MeToo obtuvieron becas Fonca.

Lo que más le indignó a Martha fue que las denuncias para los agresores no tuvieron ninguna consecuencia.

“Las escritoras tuvimos que organizarnos solas, abrimos espacios, oportunidades, festivales o hasta antologías para poder publicar”, concluye Martha Mega.

“No fui la única, pero no lo despidieron por ninguno de los señalamientos”.

Ytzel Maya, escritora y editora, denunció públicamente a un periodista en activo por intento de violación. Su denuncia decía lo que había pasado, el nombre del agresor y el medio en donde trabajaba él. Tres días después, el medio (Chilango) hizo público que iba a separar temporalmente al señalado de su redacción, hasta que se resolviera el asunto.

El medio nunca la contactó directamente, pero se enteró que el agresor había perdido su trabajo porque una mujer cercana a él se lo reclamó en redes sociales.

“Psicológicamente me afectó muchísimo, no fui a trabajar como una semana porque tenía miedo. Temía que buscara algún tipo de venganza, como si lo hubieran despedido por mi culpa”, recuerda en entrevista.

Tras el despido del agresor, corrió en Twitter una campaña pagada difamándola, argumentando que su denuncia era solamente una búsqueda de fama. “No lo despidieron por un señalamiento en redes sociales, tenía acusaciones adentro de la empresa. Mi tuit fue solo la gota que derramó el vaso”, aclara Ytzel.

“Era necesario hablar para que otras mujeres se atrevieran”

Karen* fue una de las denunciantes de Herson Barona, pero antes de hacerlo, pasó por episodios de miedo y coraje al revivir esos recuerdos.

“Me di cuenta que era necesario hablar para que otras mujeres se atrevieran también a hacerlo. A partir de esto nos organizamos y vimos que hay muchas mujeres más allá del círculo de amigas con las que podemos hablar, trabajar y debatir”, celebra Karen.

“Mi rebeldía es apropiarme de mi voz”.

Fernanda* no se atrevió a hacer una denuncia pública. Lo primero que hizo cuando vio el Hashtag en Twitter fue llorar y hablar con sus abogados por la denuncia legal en curso que ya tenía contra su agresor. Gracias a las redes sociales se enteró que el hombre tenía más señalamientos públicos por abuso.

“Descubrí que muchas amigas mías habían sido violadas o abusadas sexualmente y gente que consideraba amigos habían violado a otras mujeres”, evoca Fernanda sobre el #MeToo México. Para ella el movimiento surgió de una presión tipo “olla exprés”. Una situación desesperada por encontrar mecanismo  confiables para denunciar sin miedo.

Ella coincide en que el hecho de que instituciones como el Sistema Nacional de Creadores de Arte, premien o consideren a hombres con varias denuncias públicas, es minimizar delitos muy graves.

La carrera de Fernanda se ha visto directamente afectada por esta situación. Dos agresores distintos con puestos de poder en revistas importantes le hicieron saber que si no accedía a sus presiones sexuales, jamás iba a poder “publicar” o a leer en público sus textos.

“Dejé de escribir por años porque sentía asco. Mi rebeldía fue apropiarme de mi voz y leer”, dice Fernanda, quien tuvo una lectura pública el viernes siguiente del inicio del #MeToo.

*Sus nombres han sido cambiados para proteger su identidad.

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