Chile despertó y desde las calles exige paz e igualdad
El hartazgo ante la desigualdad en Chile, llevó a miles a las calles a exigir soluciones.
noviembre 19, 2019

“El derecho de vivir,
poeta Ho Chi Minh,
que golpea de Vietnam
a toda la humanidad.
Ningún cañón borrará
el surco de tu arrozal.
El derecho de vivir en paz…”.

“El derecho de vivir en paz” de Víctor Jara (1971).

Apenas caía la noche y la voz de Víctor Jara recorría cada uno de los rincones de los barrios de Santiago de Chile. Desde ventanas o balcones, y con ollas y cucharas en mano como instrumentos, los chilenos acompañaron la melodía y unieron fuerzas frente al toque de queda decretado por el presidente Sebastián Piñera tras el estallido de las protestas el 18 de octubre. Jara fue asesinado en 1973 por las fuerzas del dictador Augusto Pinochet, pero hasta hoy, 46 años después, acompaña a la sociedad chilena con una canción que se ha convertido en estandarte de lucha para miles de chilenas y chilenos en su férreo descontento con la desigualdad y las élites políticas y empresariales.

El toque de queda fue tan solo una de las medidas con las que Sebastián Piñera, quien pasó de congratularse por estar al frente de un país ejemplar, a declarar que Chile estaba en guerra apenas percibió el hartazgo social, respondió a las masivas movilizaciones que estallaron tras la reciente alza en el precio del Metro de Santiago. Se trató del segundo incremento de este 2019 elevando el precio de 800 a 830 pesos — el equivalente a 21.75 pesos mexicanos –, una cifra que en un país como Chile, en donde la mayoría de los ingresos se concentra en tan solo 1% de la población, significó un duro golpe para la mayor parte de las familias.

Cansados de los abusos y bajo la consigna de “¡Evadir, no pagar, otra forma de luchar!”, fueron los estudiantes, jóvenes de entre 14 y 17 años de edad, quienes aquel viernes 18 de octubre tomaron estaciones del metro e invitaron a la ciudadanía a ingresar sin pagar. La gente los respaldó y las protestas se salieron de control cuando el gobierno chileno movilizó a los carabineros, la policía chilena. Las Fuerzas de Orden y Seguridad, como nombran a su ejército, abrieron fuego y lanzaron gases lacrimógenos contra todo aquel que se unió a las protestas, incluyendo a menores de edad.  Hasta ahora, esa respuesta ha costado la vida de al menos 18 personas, según los informes oficiales.

Sebastián Piñera Protestas Chile

El toque de queda fue tan solo una de las medidas con las que Sebastián Piñera, quien pasó de congratularse por estar al frente de un país ejemplar, a declarar que Chile estaba en guerra apenas percibió el hartazgo social, respondió a las masivas movilizaciones que estallaron tras la reciente alza en el precio del Metro de Santiago. / Fotografía cortesía de José Ignacio Barros.

“Ha sido bastante complejo e impactante para todos nosotros porque acá en Chile no teníamos toque de queda, ni la presencia de militares en las calles desde el fin de la dictadura”, cuenta José Ignacio Barros, un joven periodista chileno que ha presenciado desde las calles de Santiago la severa respuesta de las autoridades durante las últimas semanas. Explica que la dictadura de Pinochet (1973 – 1990) dejó una herida muy grande en el país, pues se trató de una época donde desapareció mucha gente, cuyos cuerpos no han aparecido y en consecuencia, sus familias no han encontrado justicia. “Sacar a los militares a las calles fue un acto que abrió esa herida en muchos compatriotas y generó una reacción mucho más violenta de la que ya se venía gestando”.

Ese nivel de violencia se sumó a las muchas otras inconformidades por las que la chilenas y chilenos no han desistido de la presión en las calles. “No son 30 pesos, son 30 años”, defienden en las marchas y José Ignacio lo confirma, pues antes de la gota que derramó el vaso, el descontento se fue alimentando ante un sistema educativo privatizado casi en un 70%, ante el alza en las cuentas de la luz, del agua, el gas y la vulnerabilidad de las pensiones. “Todo el país despertó, en su gran mayoría, en actos pacíficos, cacerolazos, como le llamamos acá a plantarse en la calle y golpear las ollas con cucharas para hacer ruido”.

A pesar de que el movimiento social en Chile está impulsado por una desigualdad estructural, César Canales, estudiante chileno, asegura que se trata de movilizaciones transversales a las que se han sumado actores sociales de todo tipo. “Es bien llamativo porque muchos movimientos son de carácter un poco más acotado, pero ahora la convocatoria ha sido masiva y gente incluso de las comunas más adineradas, ha salido a las calles a exigir en tópicos como la concentración de riqueza, las alzas de precios y de paso han desenmascarado al gobierno, porque si bien Piñera ganó legítimamente en segunda vuelta, con esto ha mostrado su nostalgia autoritaria y su absoluta ineptitud para manejar la crisis”.

Desde Valparaíso, hasta Coquimbo y sin olvidar a Atacama, chilenos de todas las regiones del país se sumaron inmediatamente a las protestas pacíficas, “aunque también se han generado hechos de violencia, que es en lo que la prensa internacional repara, como los saqueos, la quema de estaciones de metro, etc”, explica José Ignacio. Dichos episodios han sido aprovechados por el Gobierno chileno, que se ha empeñado en desviar la atención del verdadero motivo y origen de las protestas, pues hasta ahora evitan reconocer que “existe unidad en el país respecto a demandas relacionadas con el tema del transporte, la luz, el agua, el gas, los salarios mínimos, las pensiones, nuestro sistema previsional para los adultos mayores, etc.”.

Protestas en Chile 2019

A pesar de que el movimiento social en Chile está impulsado por una desigualdad estructural, César Canales, estudiante chileno, asegura que se trata de movilizaciones transversales a las que se han sumado actores sociales de todo tipo. / Fotografía cortesía de José Ignacio Barros.

Las medidas de Piñera han sido extremas, asegura César Canales, y durante las recientes semanas, ha habido una gran distorsión de información sobre el actuar de la sociedad, “donde pretenden justificar un proceder más violento por parte de las Fuerzas del Orden y militares que también salieron a la calle. La represión ha sido bastante fuerte y ellos están felices ejerciendo ese poder que les han facultado”.

Incluso Cecilia Morel, primera dama chilena, calificó las movilizaciones como “invasión extranjera, alienígena”, y a través de un mensaje filtrado se dio a conocer que lamentaba “tener que disminuir sus privilegios y compartir con los demás”. No fue ella la única que desde la élite política tiró leña al fuego del malestar social. Rodrigo Ubilla, subsecretario de interior, describió a los manifestantes como “un grupo de delincuentes” y de manera clara evitó recapitular el descontento social que lanzó a los chilenos a las calles. Para el momento en que Piñera intentó dar marcha atrás a las medidas económicas, la sociedad chilena ya no iba a contentarse con eso.

El martes 22 de octubre, el mandatario chileno apareció en conferencia y frente a las cámaras ofreció una disculpa a los chilenos, pero para ese momento ellos ya exigían su renuncia. Como respuesta, Piñera optó por cambiar a ocho ministros de su gabinete, incluidos los del Interior, Andrés Chadwick, y al de Hacienda, Felipe Larraín. Además, formó los decretos requeridos para levantar, a partir del 28 de octubre, el estado de emergencia que había puesto en marcha apenas estallaron las protestas. Por otro lado, anunció una “nueva agenda social” que incluye un aumento del salario mínimo y de las pensiones, la revocación del alza de la electricidad (anunciada hace unas semanas) y la reducción de las dietas de los parlamentarios, entre otros.

 

Sin embargo, sus propuestas no han sido suficientes y la calle pide más. “Este es el momento propicio para lograr más conquistas sociales, pero no veo la renuncia como una opción. a pesar de que está la opción constitucional, es muy difícil que él la tome. Yo no lo veo viable”, destaca César Canales. “Tan solo basta conocer que mientras el mandatario remodelaba su gabinete, al exterior de La Moneda, los carabineros seguían reprimiendo a los manifestantes.

“Yo no lo creo y la población tampoco, pero sí hay que reconocer que es una señal potente, es una señal porque por primera vez está cediendo, por primera vez está oyendo las demandas y por primera vez se cambió el tono de enfrentar esta guerra”, asegura el periodista José Ignacio Barros. No obstante las promesas y el supuesto cambio de dirección del presidente, el toque de queda se mantiene en ciertas regiones y la violencia continúa por parte de carabineros y elementos del ejército en contra de los ciudadanos. Ante la falta de cobertura mediática, son los mismos chilenos quienes se han dado a la tarea de difundir cientos de imágenes donde soldados golpean y ultrajan, a plena luz del día a los chilenos.

José Ignacio Barrios vivió un enfrentamiento con los carabineros. Al ser prensa, cuenta con un salvoconducto emitido por la misma policía que le permite estar en la calles durante el toque de queda. Una de las noches en que salió a reportear “la policía me lanzó una piedra, me encararon y me zamarrearon”. El periodista explica que la labor de los medios se ha tornado bastante complicada, pues ambos bandos, tanto la ciudadanía como los elementos de seguridad, los perciben como enemigos. “No confían en los medios de comunicación, por ello, la calle es hostil para nosotros. Hay que andar con mucho cuidado y no identificarse”, dijo.

“Yo creo que el Gobierno ya empezó a enviar algunas señales, pero falta mucho y la gente no va a entrar, la gente está en las calles y ahí se va a quedar”.

*Fotografía de portada: Javier Barrera/NurPhoto via Getty Images.


 

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